Zacapu, Mich., a 6 de febrero de 2026.- Zacapu atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. A la par de un contexto regional marcado por la violencia del crimen organizado, el municipio enfrenta una crisis interna que ya impacta directamente en la vida cotidiana de la población: servicios públicos deficientes, conflictos políticos internos, opacidad administrativa y un creciente malestar social.
La situación de seguridad encendió las alertas tras la reciente detención —y posterior liberación— de un operador de alto nivel del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuya captura en la cabecera municipal detonó una ofensiva armada que dejó elementos de las fuerzas federales muertos en Michoacán y Jalisco. Lejos de tratarse de un hecho aislado, la reacción criminal evidenció que el municipio formaba parte de un corredor estratégico para una de las organizaciones delictivas más poderosas del país.
Pero el problema no se limita al ámbito de la seguridad. En las últimas semanas, Zacapu ha mostrado signos claros de ingobernabilidad interna. Regidores de distintas fuerzas políticas llevaron el conflicto hasta el Tribunal Electoral del Estado, al denunciar el bloqueo sistemático del Cabildo, la falta de sesiones formales y la negativa para acceder a información clave sobre el manejo del presupuesto y las decisiones administrativas.
En el terreno de los servicios públicos, la crisis es visible. Colonias enteras reportan retrasos de hasta más de una semana en la recolección de basura, generando focos de infección, malos olores y una imagen de abandono urbano. La problemática, de acuerdo con versiones de integrantes del propio Ayuntamiento, estaría relacionada con despidos de personal operativo y una alta rotación de trabajadores, sin explicaciones claras ni transparencia en los procesos laborales.
A esto se suman fallas constantes en el suministro de agua potable, obras públicas inconclusas o de mala calidad, y un programa de mantenimiento vial que no ha logrado atender el deterioro de calles y avenidas. En lo social, ciudadanos señalan falta de atención a solicitudes básicas, particularmente en temas de salud, apoyos comunitarios y atención a sectores vulnerables.
El clima interno dentro del gobierno municipal también refleja tensión. Trabajadores de distintas áreas han denunciado presiones, decisiones unilaterales y un ambiente laboral marcado por la incertidumbre, lo que ha derivado en protestas públicas y exhibiciones que evidencian la ruptura de los canales institucionales de diálogo.
El común denominador es la ausencia de información clara y rendición de cuentas. Mientras los problemas se acumulan, la narrativa oficial contrasta con una realidad que ciudadanos, regidores y empleados municipales describen como desordenada, improvisada y distante de las necesidades reales del municipio.
Hoy, Zacapu no enfrenta una sola crisis, sino varias al mismo tiempo. Seguridad, gobernabilidad, servicios públicos y confianza ciudadana muestran signos de desgaste profundo. Resolverlo no será cuestión de discurso ni de minimizar el conflicto, sino de asumirlo con transparencia, abrir el gobierno y reconstruir el funcionamiento básico del municipio antes de que el deterioro sea irreversible








