Hermosillo, Son., a 24 de marzo de 2026. — Con una frase que estremeció a miles de personas en redes sociales —“Vamos a casa”— la activista y madre buscadora Cecilia Flores Armenta anunció que encontró restos humanos que podrían pertenecer a Marco Antonio Sauceda Rocha, su hijo desaparecido desde mayo de 2019.
El hallazgo ocurrió en las inmediaciones del kilómetro 46 de la carretera 26, en Hermosillo, una zona donde colectivos de búsqueda han localizado anteriormente fosas clandestinas. Según relató la propia activista, junto a los restos fueron encontrados prendas de vestir que ella reconoció como las de su hijo, lo que la llevó a concluir que finalmente lo había encontrado.
Sin embargo, la identificación oficial aún depende de pruebas de ADN, que deberán realizar las autoridades forenses para confirmar si los restos corresponden al joven.
La escena descrita por Flores fue desgarradora: un cráneo con signos de violencia y casquillos en la zona, indicios que apuntan a una posible ejecución. Aun así, la madre buscadora afirmó que, pese al dolor, el hallazgo representa el final de una larga espera.
“Hoy localicé a mi niño… vamos a casa”, dijo en un video difundido en redes sociales.
La madre que buscó con una pala
Cecilia Flores se convirtió en una de las figuras más conocidas del movimiento de madres buscadoras en Méxicodespués de que dos de sus hijos desaparecieran en distintos hechos.
Su hijo Alejandro Guadalupe Flores fue privado de la libertad en 2015 en Los Mochis, Sinaloa. Cuatro años después, en mayo de 2019, hombres armados desaparecieron a Marco Antonio en Sonora.
Ante la falta de respuestas oficiales, Flores comenzó a buscar por su cuenta. Con el tiempo fundó el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, integrado por mujeres que recorren desiertos, cerros y carreteras con picos, palas y varillas metálicas para localizar restos humanos.
Desde entonces, el colectivo ha participado en decenas de hallazgos de fosas clandestinas, convirtiéndose en un símbolo de la crisis de desapariciones que vive el país.
Un drama que atraviesa a México
El caso de Ceci Flores refleja una tragedia nacional que se arrastra desde hace décadas.
La crisis de desapariciones comenzó a hacerse visible en México desde la “guerra contra el narcotráfico” iniciada en 2006, cuando el despliegue militar y la expansión de los cárteles provocaron una escalada de violencia.
Desde entonces, decenas de miles de personas han desaparecido en el país. Las fosas clandestinas —muchas de ellas descubiertas por colectivos ciudadanos— se han convertido en uno de los símbolos más crudos de esta crisis humanitaria.
En lugares como Veracruz, Tamaulipas, Jalisco, Sonora o Michoacán, los colectivos de familiares han localizado restos que las autoridades no habían detectado.
Para muchos analistas, este fenómeno refleja una mezcla de impunidad, colapso institucional y control territorial del crimen organizado en diversas regiones del país.
El dolor que no termina
Aunque Cecilia Flores cree haber encontrado a Marco Antonio, su lucha no termina.
Su otro hijo, Alejandro, sigue desaparecido.
Por ello, la activista ha repetido en varias ocasiones que continuará participando en búsquedas junto a otras madres.
Porque en México —dicen quienes recorren los desiertos con palas y varillas— la esperanza de encontrar a los desaparecidos suele morir en una fosa clandestina, pero la búsqueda nunca termina.









