Tunden en redes a Sheinbaum por recibir en Palacio a jefes de BlackRock y GIP, los mayores capitalistas del mundo: 95 de cada 100 la critican y la acusan de entreguista

Tunden en redes a Sheinbaum por recibir en Palacio a jefes de BlackRock y GIP, los mayores capitalistas del mundo: 95 de cada 100 la critican y la acusan de entreguista
Autor: Redacción / Noventa Grados | Fecha: 8 de Abril de 2026 a las 00:06:59

Ciudad de México, a 8 de abril de 2026.- Una fotografía publicada por la presidenta Claudia Sheinbaum en su cuenta de X encendió una de las tormentas digitales más intensas de las últimas semanas. En la imagen aparece sentada junto a dos de los nombres más poderosos del capital global: Larry Fink, presidente del fondo BlackRock, y Adebayo Ogunlesi, director ejecutivo de Global Infrastructure Partners (GIP).

El mensaje que acompañó la publicación fue breve y aparentemente técnico: una reunión para conversar sobre “las próximas inversiones en nuestro país”.

Sin embargo, el nombre de las empresas involucradas fue suficiente para detonar una reacción explosiva tanto de críticos como de simpatizantes.

En apenas dos horas la publicación superó las 94 mil visualizaciones, acumuló cientos de reposts y generó más de 700 respuestas. Pero el dato que realmente llamó la atención fue el tono: más del 95 por ciento de las respuestas visibles eran críticas, muchas de ellas abiertamente hostiles de acuerdo con un análisis de Grok, el asistente de Inteligencia Artificial de la propia red social.

Las acusaciones se repiten con insistencia: “venta del país”, “fondos buitres”, “traición”, “entreguismo”. La razón de fondo no es la reunión en sí, sino quiénes estaban en la mesa.

BlackRock no es una firma financiera cualquiera. Es el mayor administrador de activos del planeta, con billones de dólares bajo gestión y participaciones en miles de empresas alrededor del mundo. Su influencia alcanza desde bancos y tecnológicas hasta petroleras, mineras, compañías de infraestructura y gigantes inmobiliarios.

Por esa misma razón, BlackRock se ha convertido durante años en símbolo del poder financiero global que muchos movimientos políticos —incluida la narrativa de la propia Cuarta Transformación— han señalado como responsable de las distorsiones del modelo neoliberal.

A su lado, Global Infrastructure Partners tampoco es un actor menor.

GIP es uno de los fondos de inversión más influyentes del mundo en infraestructura estratégica. Su cartera incluye participaciones en aeropuertos, puertos, redes energéticas, gasoductos, sistemas de transporte y proyectos logísticos en distintos continentes. En otras palabras: activos que suelen ser considerados sensibles para la soberanía económica de cualquier país.

Ese contexto explica por qué la fotografía provocó un terremoto político en redes sociales.

Las críticas se concentraron en cuatro temores principales: el control extranjero de infraestructura, la especulación en vivienda, el acceso a recursos naturales y la influencia sobre los sistemas de ahorro e inversión.

“¿Y el neoliberalismo que decían que había muerto?”, cuestionan decenas de respuestas que rápidamente acumularon cientos de reacciones. Otros comentarios van más lejos: “Ahora sí se cayó la máscara”, “negociando con el diablo”, “vendiendo el país a los fondos”.

La reunión también reactivó viejos recuerdos políticos. En todos esos debates aparece el mismo fantasma: la influencia de los grandes capitales internacionales en decisiones estratégicas del Estado.

Pero la conversación en redes también tomó un giro preocupante.

Entre las críticas políticas comenzaron a aparecer comentarios con contenido conspirativo y antisemita dirigidos contra el liderazgo de BlackRock, lo que evidencia cómo la indignación política puede degenerar rápidamente en discursos de odio.

Mientras tanto, el respaldo a la presidenta fue prácticamente inexistente dentro del flujo visible de respuestas. La escena terminó funcionando como un símbolo incómodo.

Por un lado, un gobierno que busca atraer capital internacional para proyectos de infraestructura y crecimiento económico. Por el otro, una base política que durante años escuchó que la Cuarta Transformación representaba una ruptura frontal con el poder financiero global.

La fotografía, en ese sentido, no solo mostró una reunión de alto nivel.

Expuso la contradicción que ahora domina el debate público: hasta dónde puede acercarse un gobierno que prometió acabar con el neoliberalismo… a los hombres que encarnan su forma más poderosa.

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