Ciudad de México, 8 de abril de 2026.— La polémica en torno al registro obligatorio de líneas telefónicas en México sumó un nuevo capítulo luego de que el influencer mexicano Gabriel Montiel, mejor conocido como el “Werevertumorro”, denunciara públicamente haber sido contactado por autoridades tras manifestar su rechazo a inscribirse en la plataforma gubernamental.
La controversia comenzó la mañana del 7 de abril, alrededor de las 7:30 horas, cuando el creador de contenido lanzó una pregunta directa a sus seguidores en redes sociales: si existía alguna forma de adquirir una línea extranjera con buen plan para evitar registrar su número con la CURP. El comentario, aparentemente casual, se dio en medio de crecientes inquietudes ciudadanas sobre el manejo de datos personales, la transparencia del sistema y el riesgo de filtraciones de información sensible.
Sin embargo, lo que parecía una simple inquietud digital escaló rápidamente. Un día después, el influencer aseguró que fue contactado directamente por instancias gubernamentales en su número personal, pese a que —según sus propias palabras— él nunca lo proporcionó.
“Pues ya se comunicaron DE ARRIBA conmigo, a mi número personal para hacerme saber que están al pendiente y que me pueden dar info. (Yo no les pasé mi teléfono)”, escribió, generando una oleada de reacciones en redes sociales.
El mensaje fue acompañado por una captura de conversación en la que se observa a un interlocutor explicando que se encuentran dialogando con líderes de opinión sobre los objetivos del registro de líneas telefónicas, insistiendo en que se trata únicamente de compartir información. No obstante, la interacción no logró disipar las preocupaciones del influencer, quien respondió señalando que el simple hecho de ser contactado en su número personal ya representa un problema.
“Es mi número personal y me hablas por algo que puse en redes sociales”, reclamó en la conversación.
El episodio ha reavivado el debate público sobre los alcances del nuevo registro telefónico impulsado por el gobierno federal, particularmente en lo relacionado con la protección de datos personales y la posible vigilancia. Para algunos, el contacto directo con el influencer podría interpretarse como un intento de diálogo institucional (aunque él nunca proporcionó su número para ello); para otros, como una señal preocupante de acceso a información privada sin consentimiento claro.
La situación ocurre en un contexto donde diversos sectores han cuestionado la viabilidad y seguridad del padrón, recordando antecedentes de filtraciones de bases de datos en el país. La narrativa de Werevertumorro, amplificada por su alcance en redes, coloca nuevamente en el centro de la discusión el equilibrio entre seguridad pública y privacidad individual.
Mientras tanto, la pregunta inicial del influencer —cómo evitar el registro— parece haber quedado en segundo plano frente a una inquietud mayor: quién tiene acceso a los datos personales de los ciudadanos y bajo qué mecanismos.









