Caracas, Venezuela, a 3 de enero de 2026.– Explosiones de gran potencia, sobrevuelos militares, apagones masivos y reportes de ataques directos contra infraestructura estratégica sumieron a Caracas en una madrugada de pánico y confusión, en uno de los episodios más tensos vividos por la capital venezolana en décadas.
Poco después de las 02:00 horas del sábado (la medianoche en México), potentes detonaciones sacudieron distintos puntos de la ciudad y zonas conurbadas. El estruendo, acompañado del vuelo de aeronaves a baja altura y de cortes generalizados en el suministro eléctrico, despertó a miles de personas en medio del miedo, la incertidumbre y la desinformación inicial.
Habitantes de colonias como Altamira, El Paraíso, Santa Mónica, Los Ruices, Fuerte Tiuna, el 23 de Enero y amplias zonas del sur de Caracas relataron explosiones continuas, vibraciones en viviendas y calles completamente a oscuras. En algunos sectores, también se reportaron afectaciones en municipios cercanos como Los Teques. Familias enteras salieron de sus casas en pijama, algunas cargando a niños, sin claridad sobre el origen ni el alcance de los ataques.
La tensión escaló tras la difusión en redes sociales de un mensaje del presidente colombiano Gustavo Petro, quien aseguró compartir información que calificó como “confirmada hasta ahora” sobre una serie de bombardeos e inhabilitaciones de instalaciones estratégicas en Venezuela. Según esa versión, el aeropuerto de La Carlota habría quedado inhabilitado tras un ataque, al igual que el Cuartel de la Montaña, mientras que el Palacio Federal Legislativo, el complejo militar de Fuerte Tiuna y diversas zonas del casco central de Caracas también habrían sido blanco de bombardeos.
En la misma publicación se mencionan ataques contra infraestructura aérea en distintas regiones del país, incluyendo un aeropuerto en El Hatillo, la base número tres de aeronaves F-16 en Barquisimeto y el aeropuerto privado de Caracas, ubicado en Charallave, los cuales habrían quedado inhabilitados. Asimismo, se reportó el bombardeo de la base militar de helicópteros en Higuerote, considerada un punto estratégico para operaciones aéreas.
De forma paralela, se informó sobre la activación del Plan de Defensa en el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo venezolano, mientras amplias zonas de Caracas permanecían sin suministro eléctrico, incrementando la sensación de caos y vulnerabilidad entre la población civil.
Hasta el momento, no existe confirmación independiente que respalde en su totalidad estos señalamientos. Sin embargo, el gobierno venezolano calificó los hechos como una agresión militar directa contra su soberanía, activó protocolos de emergencia y desplegó fuerzas armadas en distintos puntos del país.
De manera oficial, Caracas responsabilizó a Estados Unidos de los ataques, aunque Washington no ha emitido un posicionamiento público. El silencio contrasta con la magnitud de los reportes y con el impacto psicológico generado entre millones de habitantes.
Más allá de los daños materiales y de la veracidad final de cada reporte, lo ocurrido marca una madrugada de quiebre para Caracas: una capital sumida en la oscuridad, el miedo y la incertidumbre, mientras la región observa con creciente preocupación una posible escalada militar de consecuencias imprevisibles.








