Ciudad de México, 25 de abril de 2026.- Mañana 26 de abril se cumplen 40 años del desastre nuclear de Chernóbil, ocurrido en 1986 en la entonces Unión Soviética, considerado el accidente más grave en la historia de la energía nuclear y cuyas consecuencias ambientales y humanas continúan hasta la actualidad.
La explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, ubicada en la actual Ucrania, liberó grandes cantidades de material radiactivo a la atmósfera. La nube contaminante se extendió por amplias zonas de Europa, obligando a evacuar inicialmente a unas 116 mil personas, principalmente de la ciudad de Prípiat y áreas cercanas; posteriormente, otras más de 200 mil fueron reubicadas en los años siguientes.
El accidente ocurrió durante una prueba de seguridad mal ejecutada que provocó un aumento incontrolado de la potencia del reactor, seguido de explosiones e incendios que dispersaron partículas radiactivas durante varios días. Dos trabajadores murieron la noche del incidente y, en las semanas posteriores, 28 bomberos y operadores fallecieron por síndrome agudo de radiación, mientras que los efectos a largo plazo han sido objeto de estudios y estimaciones internacionales.
Con el paso de los años, organismos internacionales han documentado impactos duraderos, incluyendo un aumento significativo de casos de cáncer de tiroides, contaminación del suelo y restricciones permanentes en la llamada “zona de exclusión”, un perímetro de aproximadamente 30 kilómetros alrededor de la planta.
En 2016 se instaló un nuevo sarcófago de acero, conocido como New Safe Confinement, sobre el reactor destruido para contener la radiación y permitir el desmantelamiento gradual de la instalación. A cuatro décadas del accidente, Chernóbil permanece como símbolo de los riesgos de la energía nuclear y de la importancia de los protocolos de seguridad en este tipo de instalaciones.









