Tercer Debate, última oportunidad para generar certidumbre

Tercer Debate, última oportunidad para generar certidumbre
Autor: Óscar Tapia Campos | Fecha: 12 de Junio de 2018 a las 10:05:00

Morelia, Mich., a 12 de junio del 2018.- En política nadie está limpio, todos son culpables, porque el engaño, el abuso y la traición son el quién vive de tirios y troyanos. Y como “en arca abierta hasta el más justo peca” resulta que en ámbitos de gobierno “hasta el más chimuelo masca fierros”.

Así que resulta inútil, desagradable e insustancial que los candidatos salgan en un debate “a sacarse los trapitos al sol” cuando se debería mostrar altura, dominio de los temas a debatir, estrategias de solución para asuntos nodales, respuestas factibles para las inquietudes más sentidas de la población.

Hoy es el Tercer Debate Presidencial, el tercero, y es de esperarse que los participantes lo hagan con grandeza, categoría y responsabilidad. Lo ideal, lo necesario y lo obligado es que se comporten con la seriedad de un mandatario de la República Mexicana.
Urge que establezcan los que, los como y los cuando con total claridad, porque el ánimo de la ciudadanía está erosionado, abatido, aunque ciertamente hay quienes todavía creen en los Reyes Magos y en los cuentos de hadas.

Uno de los cuatro será el próximo presidente de la República Mexicana, el hombre que tendrá voz de mano ante los ojos de México y del mundo, el que deberá gobernar para todos, el que necesitará del concurso amigable de las mayorías, principalmente de quienes no voten por él.

Es menester, entonces, que la operación cicatriz empiece esta noche, que el que vaya a ser ganador de las elecciones establezca condiciones de reconciliación nacional, que aproveche el tiempo para pulir asperezas con los adversarios, con los inversionistas, con todos aquellos que puedan aportar para que México entre en una transición hacia mejores realidades.

Andrés Manuel López Obrador llegará como el puntero en las encuetas, entonces que no caiga en provocaciones, pero que no evada su obligación de cara al pueblo de México, es decir que hable de frente, que no repita lo mismo de tantos años, que ponga los puntos sobre las íes y convoque a realizar una gran alianza, que tenga el valor de expresar “los necesito a todos” y “no soy un peligro para México, porque ocupo de los inversionistas, de mis amigos y de mis adversarios como punto de partida para generar empleos, combatir la pobreza, mejorar las condiciones de los más necesitados”.

Que no prometa más, que se comprometa ante los ojos de todos, que levante la voz para precisar que no sumirá a México y los mexicanos en situaciones de angustia, que recurrirá a quien tenga que recurrir en beneficio de pobres y ricos, de los que creen en él y de los que no le tienen confianza, de sus correligionarios y de los que están del otro lado de la barrera, que hará imperar el estado de derecho y velará por la aplicación de la ley sin tendencias y sin revanchas.

El aspirante por Morena a la Presidencia de la República debe aprovechar sus tiempos en el marco del Tercer Debate para mostrarse ya no como candidato, no como orador agraciado, no como mago ni prestidigitador político, sino dentro de los protocolos de la más alta investidura gubernamental del país.

Que se salga de los temas establecidos para debatir, si lo quiere, pero que lo haga para tocar asuntos que debe tener en su agenda prioritaria, como es las relaciones con Donald Trump, que le salude y le invite a entrar en negociaciones cordiales y con matices de la buena vecindad.

Que José Antonio Mead y Ricardo Anaya, quienes acudirán al Tercer Debate virtualmente empatados en el segundo lugar, dejen de lado sus actitudes pendencieras, sus acusaciones insustanciales, sus balandronadas y escupitajos odiosos, porque con eso no se estarán comportando al nivel de quien debe ser presidente de esta enorme y bella nación.

Que Jaime Rodríguez se muestre más brillante, menos a la expectativa, que aproveche estar allí para empezar una buena relación con el que será el nuevo mandatario, porque lo que le queda es no olvidarse de su investidura de gobernador, ya que pronto tendrá que volver a Nuevo León para terminar su gobierno.

En suma, que los cuatro candidatos no se dejen ver corrientes como en los dos debates anteriores, que no caigan en la vulgaridad, que se eleven como merecedores de la investidura del más alto rango político de nuestro abrumado país.

Que digan, establezcan y precisen que no les importa ganar el debate, sino que gane México. Que generen certidumbre, señores; certidumbre es lo que deben entregar esta noche desde la blanca Mérida. Así sea.

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