Morelia, Michoacán., 25 de septiembre del 2021.- Anoche en el Palacio del Arte, Sagrario de los Consagrados, se vivió de todo un poco en la novillada de selección que se dio con la marca de JJ. Taurinos.
De todo un poco, porque los novilleros fueron de lo grotesco a lo sublime, del bostezo a la ovación, del filo al respaldo de la butaca, del arrojo a las cucharadas de arte.
Fue una noche novilleril de marcados contrastes en la que hubo casi de todo, menos espadas. Casi, porque en unos imperó el desencanto y en otros la duda, la celeridad y la huída; pero también hubo destellos de buen novilleo.
Noche de desplantes, detalles y medias faenas; noche de colofón para unos y de análisis para otros y replanteamiento a de cara al futuro para los demás. Noche de coletas que quieren pero que no se deciden a dar el gran paso.
La coba puede sobar el lomo, pero los toros, el tiempo y el público no perdonan.
El longevo novillero Bruno Vélez, el más agitando de los soñadores, fue el de siempre, el que le puso la cereza al pastel, el que dio cucharadas de arte efímero; lució con verónicas, medias y revoleras, conectó con el respetable, un público de dulce que hizo buena entrada, y brilló con navarras. Su faena de muleta fue de momentos: derechazos suaves, hondos y acompasados; molinetes ajustados, adornos y desplantes, pero... Concluyó con dos pinchazos y una entera de efectos inmediatos. El respetable lo llevó a dar vuelta al ruedo con mucha fuerza.
Mirafuentes de Anda saludó con buena faena de capote, sobre todo por verónicas muy bien pinceladas y revoleras coloristas. En el último tercio logró dos buenas tandas de derechazos y lució con molinetes. El de Jorge Hernández se tornó rispido, se le colaba por ambos lados y se le volvía en un palmo de terreno. El del Distrito Federal tuvo que abreviar, mató al tercer intento. Vuelta al ruedo con mucha fuerza.
Alberto Ruíz recibió con larga de rodillas a Buenos Amigos, sexto y último de la tarde, y el público se lo agradeció con aplausos, vivas y ovaciones. Ya en su labor muleteril el novillo le asestó un paletazo en el mentón. El novillero salió proyectado y quedó noqueado en la arena, lo levantaron para llevarlo a la enfermería, mas el pundonor lo llevó a ir nuevamente al novillo, se engalló, logró buenos derechazos, pintureó adornos y desplantes, conectó con el público, pero perdió con el acero la oreja que tenía ganada.
Antonio Sáyago estuvo en él, en Antonio Sáyago. Es un novillero con mucha presencia y virtudes taurinas. Empezó bien, logró pases muy meritorios, mas fue alcanzado por el de Jorge Hernández en dos ocasiones y el chaval moreliano perdió la figura, ya no se repuso y se puso pesado con el acero.
A Tato Loaiza le pasó factura su largo tiempo sin actividad. Le tocó en suerte un novillo complicado que le exigía y hacía por él. Falló con el acero.
El discípulo de Manolo Mejía, el mexiquense Enrique de Ayala, desaprovechó al mejor novillo de la noche, no le pegó ni un pase porque se dejó dominar por el estrés y falló con el acero.
Aceptable encierro en términos generales el de Jorge Hernández, aunque algunos se quedaban cortos de embestida. Y muy buena organización de JJ. Taurinos. Así sea.









