A 100 años de la creación de las escuelas normales rurales

A 100 años de la creación de las escuelas normales rurales
Publicado 16 de Mayo de 2022 12:00:00 Autor Blanca Piña / Noventa Grados Columna de Opinión

Fundadas en 1922, apenas un año después de la creación de la SEP, las Escuelas Normales Rurales (ENR) son parte de las conquistas populares de la Revolución Mexicana. Las ENR sintetizaban el derecho de movilidad social de los hijos de los campesinos por medio de acceder a una profesión, la obligación del estado de ampliar la cobertura de educación básica en las regiones rurales del país por medio de la formación de maestros rurales, así como la exigencia de los campesinos de acceder a apoyo técnico.

El objetivo de las ENR no solo era la preparación de los maestros en las labores pedagógicas. El normalista rural, aun hoy, se prepara técnicamente en conocimientos agropecuarios que puedan apoyar a mejorar las condiciones de vida de la población del campo.

Como impulso de la reforma educativa del Gral. Lázaro Cárdenas, las ENR se convirtieron en Escuelas Regionales Campesinas, adoptaron la educación socialista como fundamento pedagógico, lo cual fortaleció la enseñanza del marxismo. Aunque décadas después el presidente Ávila Camacho anuló la escuela socialista, la vocación de crítica social y solidaria se arraigó en la esencia misma del normalismo rural.

Tras el movimiento estudiantil de 1968 se cerraron 15 de las 29 ENR. El estado observaba que la identidad del normalísmo promovía la lucha por los derechos sociales, la resistencia contra los malos gobiernos, e incluso la vinculación con el movimiento guerrillero desde la década de los 50.

Sin embargo, el “virus del comunismo”, como despectivamente lo llamaban, ya había calado hasta el tuétano en la identidad de los estudiantes normalistas. Provenientes de comunidades rurales marginadas y abandonadas por el estado, los reclamos de justicia social y la vinculación con las luchas sociales les son muy propias, y son aún hoy, por fortuna, parte de la formación del normalista.

Esta noble virtud, el de la vinculación del estudiante con la problemática social, no puede entenderse sin el papel estratégico que ha jugado la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) desde su fundación en 1935. Caracterizada por su gran solidaridad social, la FECSM, promueve como parte de sus principios la defensa del normalismo, la educación pública, así como los derechos sociales del pueblo.

Desde la década de los 90, con las reformas salinistas de la Modernización Educativa hasta el 2018, con los estragos de la reforma educativa de Peña Nieto y Mexicanos Primero, las ENR, enfrentaron una guerra de exterminio. Para la educación neoliberal la esencia social de las ENR, no tiene razón de ser.

Sin embargo, hay un hecho irrefutable. En estos 100 años, forjados como el acero al calor del fuego, como diría Ostrovski, la lucha de la comunidad estudiantil por la defensa de las normales rurales ha garantizado su permanencia. Son los estudiantes rebeldes y críticos el alma y la vida del normalismo, porque han entendido un hecho básico: la permanencia de las ENR es fundamental para el acceso a la educación pública de cientos de miles de niños y niñas que viven en comunidades marginadas.

No podemos dejar de señalar que en la titánica labor de defensa del normalismo, el papel de la Escuela Normal Rural de Tiripetio “Vasco de Quiroga” ha sido fundamental. No se puede entender la permanencia de la escuela pública en Michoacán, del carácter social de la educación y la labor pedagógica de cientos de miles de profesores, sin la épica que supone la normal de Tiripetio, la primera escuela normal rural de México. Hoy, a sus 100 años, a pesar de que los vientos neoliberales aun soplan con fuerza para derribar el normalismo rural, la heroica normal de Tiripetio sigue cumpliendo su labor histórica de educar al pueblo, y ser un pilar del Sistema Educativo Nacional.

Mi reconocimiento y felicitaciones a todas las generaciones de estudiantes que se han formado en el normalismo rural, porque sus convicciones sociales de educar a los hijos de los campesinos han permitido conmemorar este centenario. ¡Que viva el normalismo rural! 

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