Uruapan, Mich., a 6 de enero de 2026.- En Uruapan ya no hay seguridad pública que responda, ni justicia que ampare a la gente. La violencia manda… y lo hace sin esconderse. Alrededor de las 2 de la tarde de este martes, cuando la ciudad aún estaba en plena actividad cotidiana, sujetos armados rafaguearon la fachada de la base de taxis Taxitel del Cupatitzio A.C., ubicada sobre la calle Moctezuma, en la zona de Cupatitzio. No fue de madrugada, no fue en la oscuridad: fue a plena luz del día, frente a todos y sin consecuencias inmediatas.
De acuerdo con testigos, los agresores llegaron en motocicleta, dispararon sin titubeos y huyeron con la misma facilidad con la que entraron, dejando atrás casquillos, miedo y un mensaje claro: en Uruapan, el crimen no teme a la autoridad porque simplemente no la ve.
Aunque no se reportaron personas lesionadas, el ataque no fue un hecho aislado ni fortuito. Trascendió que la línea de taxis ha sido objeto de intentos de extorsión desde hace varios días, presiones criminales que sus directivos se han negado a pagar. La respuesta fue la violencia directa, el plomo como advertencia y la intimidación como método.
Sin embargo, el escenario se agrava aún más: no existe intención de presentar denuncias formales, una mezcla peligrosa de miedo, desconfianza y abandono institucional que ha permitido que las amenazas escalen, se repitan y se normalicen. En Uruapan, denunciar parece más riesgoso que callar.
El ataque deja al descubierto una realidad brutal: la violencia ya no se esconde, no se cuida, no se disfraza. Se ejerce de frente, en zonas transitadas y en horarios comunes, mientras las autoridades brillan por su ausencia y la ciudadanía aprende a sobrevivir entre balas y silencios.








