Morelia, Mich., a 23 de enero de 2026.– En menos de 24 horas, Michoacán volvió a colocarse en el centro de la tragedia: seis personas reportadas como desaparecidas fueron localizadas sin vida, en dos hechos distintos que estremecieron al estado por su crudeza, el perfil de las víctimas y la rapidez con la que la esperanza se transformó en luto.
Entre las víctimas se encuentra una familia completa, incluida una menor de 12 años, así como tres hombres originarios de Uruapan, cuyos cuerpos fueron localizados fuera del lugar donde se les vio por última vez, confirmando un patrón que se repite con alarmante frecuencia: la desaparición como antesala del homicidio.
Una familia desaparecida, hallada calcinada
En el primer caso, autoridades confirmaron que los cuerpos incinerados localizados en la comunidad de Ucareo, municipio de Zinapécuaro, corresponden a Víctor Manuel N., Anayeli N. y su hija de 12 años, quienes habían sido reportados como desaparecidos desde el pasado 15 de enero en Morelia.
La familia fue vista por última vez en el fraccionamiento Ex Hacienda La Huerta, en el municipio de Morelia. Días después, sus cuerpos fueron encontrados calcinados y con impactos de arma de fuego, en un crimen que provocó conmoción no solo por la violencia empleada, sino porque las víctimas eran intérpretes de lengua de señas mexicana, colaboradores del Congreso y del Gobierno del Estado.
De Uruapan a Guanajuato: la ruta de la muerte
Horas después, se confirmó otro desenlace trágico: tres hombres originarios de Uruapan, reportados como desaparecidos desde el 17 de enero, fueron localizados asesinados en distintos puntos del estado de Guanajuato.
Las víctimas, identificadas como Víctor Manuel M., Alejandro C. y Benjamín U., habían sido vistas por última vez en el mirador del Lago de Pátzcuaro, cuando viajaban a bordo de un vehículo Tsuru blanco que hasta ahora no ha sido localizado. Un cuarto acompañante continúa desaparecido.
En un solo día, seis historias de búsqueda terminaron en funerales, dejando al descubierto una realidad que golpea a Michoacán: desaparecer se ha vuelto sinónimo de no volver con vida.
Hasta el momento, no hay personas detenidas ni móviles esclarecidos, mientras las familias exigen justicia y respuestas en un estado donde el tiempo entre la denuncia y el hallazgo mortal parece acortarse cada vez más.








