Ciudad de México, a 25 de febrero de 2026.— A semanas del arranque del evento deportivo más importante del planeta, una bomba social amenaza con estallar en las principales sedes mundialistas de México. Productores del campo y transportistas nacionales lanzaron una severa advertencia a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y a la Federación Mexicana de Fútbol: el Mundial podría celebrarse en medio de protestas, bloqueos e inseguridad.
En una carta dirigida al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y al titular del fútbol mexicano, Mikel Arriola Peñaloza, organizaciones campesinas y transportistas denunciaron una crisis sin precedentes que coincide peligrosamente con el calendario mundialista.
De acuerdo con el documento, para las fechas en que se disputarán partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, millones de toneladas de maíz, trigo y sorgo se acumularán sin mercado, empujando al colapso a miles de productores nacionales.
Los denunciantes acusan al gobierno de favorecer importaciones masivas y a grandes corporativos agro-financieros, dejando al campo mexicano “con granos… y sin futuro”.
El panorama se agrava con la inseguridad. Transportistas alertan que viajar por las carreteras del país se ha convertido en una ruleta rusa, con robos diarios, asesinatos de operadores y cobros ilegales del crimen organizado.
“La ausencia del Estado ha dejado las carreteras a merced del crimen”, señalan.
Aunque las organizaciones aseguran no buscar confrontación, el mensaje es claro: el Mundial llegará en medio de una fuerte convulsión social. Protestas, movilizaciones y posibles bloqueos podrían empañar la imagen internacional de México justo cuando los ojos del mundo estén puestos en el país.
Además, el texto lanza una dura crítica al modelo económico impuesto desde el TLCAN–TMEC, al que responsabilizan de profundizar la dependencia alimentaria y desplazar al productor nacional.
“Es lamentable recibir al Mundial en estas circunstancias”, afirman los firmantes, quienes aseguran que su intención es alertar a la comunidad internacional sobre la realidad que viven miles de familias del campo y del transporte.








