Mazatlán, Sin., a 15 de febrero de 2026.- Lo que debía ser música, risas y celebración terminó convertido en un grito silencioso de dolor. El primer desfile del Carnaval en Sinaloa fue sacudido por una escena que nadie esperaba —o que muchos prefieren no ver—: madres y familiares de personas desaparecidas caminaron entre carrozas y comparsas mostrando los rostros de quienes nunca regresaron.
Mientras los tambores sonaban y el confeti caía, la tragedia avanzó sin maquillaje. Pancartas con fotografías, nombres y consignas como “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” irrumpieron en la algarabía, obligando a los asistentes a enfrentar una realidad que suele esconderse bajo el disfraz de la fiesta.
Por momentos, el carnaval se congeló.
Los aplausos no fueron de celebración, sino de respeto.
La música siguió… pero ya no sonó igual.
La cifra que nadie quiere ver
De acuerdo con datos oficiales del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, entre 2024 y 2025 al menos 2 mil 915 personas fueron reportadas como desaparecidas en Sinaloa. Más de mil 600 siguen sin ser localizadas. Son números fríos que contrastan con el calor de una fiesta multitudinaria.
Los colectivos de búsqueda denuncian que las cifras reales podrían ser aún mayores, debido al miedo a denunciar y a la desconfianza en las autoridades. Detrás de cada número hay una familia atrapada en la espera, y detrás de cada rostro impreso, una historia detenida en el tiempo.
Para las madres buscadoras, el mensaje fue directo y demoledor: No se puede celebrar la normalidad cuando miles de hogares viven en la ausencia.
Su presencia fue calificada por algunos como incómoda; por otros, como necesaria. Lo cierto es que el carnaval ya no pudo fingir que la violencia no existe.
La fiesta siguió. Las luces volvieron a brillar. Pero Sinaloa, por unos minutos, se miró al espejo.








