Michoacán, 27 de septiembre de 2022.- Alguien dijo y dijo bien que los toros de lidia viven como reyes. Y en efecto, no existe otro animal en el planeta en mejores condiciones que ese hermosísimo bovino que desde que nace se dispone al combate, porque se desarrolla y vive en grandes extensiones de tierra, generalmente cubiertas por ricos pastizales, arboledas y un sinfín de otras bellezas naturales, tales como esas 390 hectáreas en las que pasta el ganado del matador Enrique Fraga, a donde fui el domingo próximo pasado para la grabación del programa Campo, Vida y Tradición.
La ganadería de Enrique Fraga es un paraíso que está en las inmediaciones de Zinapécuaro, Michoacán, México. A la que nada más de entrar se siente uno extasiado con tanta belleza, porque se abren a nuestros ojos paisajes excepcionales. De suyo, de frente se pueden ver una serie de tapetes en degradaciones tonales en verdes, jaspeados con grandes servilletas de amapolitas moradas o, como me precisó una bella dama, “aquí se llaman girasoles”.
A una corta distancia se aprecia el espejo de la represa Matapiojos, enseguida otra servilleta en verdes que da paso a otro espejo, el del Lago de Cuitzeo. Y más allá, hacia el noroeste, una cordillera con montañas que se degradan en azules vivos. A todo eso hay que agregarle el concierto de aves canoras, el mugido de los toros en brama, el rebuzno de un burro pardo de buena presencia y, claro, un cielo que subyuga y enamora. Amén de una hermosa casona.
En ese paisaje michoacano viven toros, vacas y sus críos a su entero antojo, sin más preocupación que estar como quieran estar en manadas, porque es así como mejor se sienten los vacunos. Allí, invitados por el maestro Enrique Fraga, nos adentramos en el campo bravo y pudimos ver a prudente distancia algo de lo que actualmente tiene de la línea Parladé. Unos de capa negra y, otros, de capa mayormente castaña y/o colorada.
En ese paraíso, la flora y la fauna prosiguen sus ciclos de vida de manera intacta, porque no hay humano que se atreva a ingresar, so pena de ser embestido por alguno de los muy bellos ejemplares, ya sea de línea Parladé o de la Saltillo, que es otro encaste de esa ganadería a la que el 11 de noviembre de 2018 le fue indultado el toro Fantasma, por el rejoneador Diego Ventura, en la Monumental Plaza de Toros México, toro que, por cierto, ha cubierto ya a 35 vacas y al que este año le harán otra dotación de la misma cantidad de hembras.
Sí, los toros de ganaderías como la del matador Enrique Fraga viven como reyes, lo que el domingo anterior pudo constatar el diputado Baltazar Gaona, presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Congreso del Estado, así como el secretario técnico y otras miembros de esa Comisión, quienes estudian una iniciativa de ley antitaurina enviada por una gris legisladora uruapense, misma que no progresará porque está hecha con las patas y nunca será procedente. Así sea.









