Morelia, Michoacán., 24 de marzo del 2021.- Lolo entró al círculo sagrado de la Monumental de Morelia, su seriedad denotaba el volcán que llevaba dentro, fenómeno en erupción que le hacía fluir un cúmulo de adrenalina, sensaciones, sentimientos y signos de interrogación porque iba al encuentro de la Diosa Fortuna, la que al aparecer por la puerta de toriles enseñaría primero sus dos pitones como heraldos del peligro que el chaval habría de convertir en arte, goce y satisfacción.
Alejandro Gutiérrez se llama y frisa apenas 22 años de espigada imagen y mirada serena, aunque el mal de montera le llega hasta los huesos. Lo más grande que tiene son esos sueños que lo pueblan de noche y día, mismos en los que se ve enfundado en un traje de luces y levantando hacia al cielo rabo y orejas en el centro del ruedo de un gran coso repleto en ebullición y larguísimas ovaciones.
Lolo Gutiérrez fue al encuentro de “René”, un cárdeno muy bien cortado de San Mateo con la edad cumplida y 440 kilos sobre sus pezuñas, cárdeno que resultó ser un toro de bandera al que había que hacerle celebración y fiesta. Mucho toro para un chaval con tan poco rodaje, pero con mucha disposición de aprendizaje, porque dejó ver que tiene oídos y responsabilidad, puesto que en todo momento atendió con prestancia las indicaciones de su mentor.
No, no le hizo la gran faena a René, no podía hacérsela, porque nadie con su incipiente carrera es capaz de ello, pero lo aprovechó, claro que lo aprovechó, porque de ese encuentro con tan buen toro salió con mucho aprendizaje. Mucho, muchísimo, tanto que le alcanzará para poner los pilares de esa edificación que ha comenzado para construir el torero que quiere ser.
Da gusto, sí, ver a los aspirantes que tienen la oportunidad de ponerse en la cara de toros maduros, listos para ir a capa y muleta de toreros con toda la coleta. Gusto porque cuando se vista de luces estará listo y puesto para cualquier novillo que le salga de los corrales y, también, para sembrar las zapatillas con garbo y firmeza en la arena por muy sagrada que sea.
Bien por ti, muchacho, muy bien, porque diste con firmeza el primer gran paso de los cien kilómetros que tienes que recorrer para alcanzar tu sueño, y eso se agradece, porque los sueños de los principiantes son tan grandes como los deseos que acariciamos los taurinos que estamos en espera del gran torero, de ese que llegue a romper moldes y a establecer rumbos.
Ojalá, Lolo Gutiérrez, que en ti germine un torero así de grande, tú tienes la palabra, esperemos que no desistas y afrontes con elocuencia los exámenes que debes aprobar para darle verdad a tus sueños y, claro, a los de nosotros también. Así sea.









