Morelia, Mich; a 13 de julio del 2021.- El matador Emiliano Villafuerte y el novillero Patricio Villicaña “Pato Ochoa” le realizaron sendas faenas a un toro y un novillo, respectivamente, de la ganadería guanajuatense de Campo Hermoso, sin embargo, perdieron con el acero lo que de trofeos tenían ganado. A su vez, los aspirantes a novillero Santiago Villicaña “Santi Ochoa” y Francisco “Paco Vargas” recibieron 2 orejas simbólicas cada uno, a la vez que Alicho Pérez, Tinoco y Gustavo Farías III salieron con un trofeo del festival mixto que se realizó el domingo anterior en Rancho Charro.
Antes de que el torero, el novillero y los aspirantes partieran plaza se les realizó un reconocimiento público a Francisco García “El Cachorro”, Juan Ponce de León, Gustavo Castro “El Santanero”, Luis Álvarez “La Coneja”, Antoñete, Antonio Alfaro “El Amoroso”, Carlos Revuelta, Fernando Silva, Gustavo Novoa “El Vidrios”, Luis Miguel Chávez y Víctor Ruiz, quienes en otros tiempos sembraron sus zapatillas en la arena de Rancho el Charro.
De todos los mencionados estuvieron presentes Víctor Alanís, Luis Álvarez “La Coneja” y Antoñete; mientras que Francisco García “El Cachorro”, quien hace unas cuantas semanas se nos adelantó en el viaje a otras galaxias, estuvo representado por su hijo, Francisco García III “Paco Mena”, el mejor subalterno michoacano de la hora actual; a su vez el ingeniero Juan Ochoa recibió el reconocimiento a la memoria de su señor padre, Juan Ochoa Ponce de León; y el correspondiente al maestro Gustavo Castro “El Santanero”, el legendario caporal de San Mateo, se le entregó a su hermano Octavio Castro.
Taurinamente lo más destacado del festival corrió a cargo del Pato Ochoa, Santi Ochoa y Paco Vargas, por las faenas que cada uno estructuró; aunque con toda justeza se merece una mención honorifica Gustavo Farías III porque logró tandas muy meritorias ante uno de Corlomé. Por su parte Alicho Pérez dejó ver avances en su trasteo, mientras que Alejandro Tinoco tuvo destellos.
El matador Emiliano Villafuerte logró pincelar buenas tandas de derechazos ante un buen toro de Capo Hermoso, mismo que por el lado izquierdo se le colaba y le hacía extraños, amén de que se distraía mucho con las sombras que se reflejaban en la arena debido al tipo de lámparas que hay en el lienzo charro, sin embargo, hizo lo suficiente con el percal para merecer una oreja, pero la perdió porque se puso pesado con el acero.
El que se dejó ver muy superior a lo que él mismo había sido anteriormente fue Pato Ochoa, porque pintureó un novilleo pausado, hondo y, por momentos, hermosista, con el que conectó fuertemente, el respetable le retribuyó con sonoros aplausos y vivas. Sí, es un Pato Ochoa renovado que logró ilusionar. Ojalá ahora sí tome en serio tan exigente profesión, porque allí demostró que de que puede, puede. Así sea.









