Ciudad de México, a 13 de diciembre del 2020 .- Se acabó la andadura del Atlético Morelia en la mediocridad de una liga que nació al vapor y no ha ofrecido algo rescatable para el balompié nacional. Lo que parecía poco resultó mucho para el Atlante, porque el 1-1 de la Ida fue determinante para pasar a la gran final, porque con el 0-0 y su posición en la Tabla General de Clasificación eliminó a un Atlético Morelia vergonzante, al que le ha quedado muy grande el nombre, el escudo, los colores, el estadio y una afición que, a pesar de los pesares, lo amó desde antes de conocerlo.
El Atlético Morelia fue un puchero, una caricatura, una mueca grotesca de futbol en casi toda la final, por eso ahora está eliminado de una competencia en la que debió ser mandón, porque está integrada por una mayoría de equipos establecidos por debajo de la mediocridad futbolística. Y, anoche, el ex Tepic, ex Zacatepec y hoy nuevo cuadro canario pagó justamente el tributo por sus incapacidades, su desangelamiento y, quiero decir para ser amable, su novatez, porque es falso que con él “la historia continúa”, puesto que es un equipo de simulada aparente nueva creación.
Después de haber sido dominador en casi todo el primer tiempo del partido de Ida y de que Ulises Zurita y Luis Pérez se ganaron la expulsión irresponsable y estúpidamente, se convirtió en una víctima propiciatoria que el Atlante no supo matar desde entonces, sin embargo, el 1-1 sería determinante para dejarlo con la amargura de no haber sabido aprovechar la condición de local en el Estadio Morelos.
Anoche, en la Vuelta, los nuevos canarios fueron un postre, un flan, un bocadillo dulce para los Potros de Hierro, porque los azulgrana hicieron lo muy poco bueno que se vio en el partido, a la vez que el Morelia de los Arana y los Higuera no hizo ni siquiera un tiro al rectángulo de la portería atlantista. Así es imposible aspirar a más nada que no sea el ridículo, la vergüenza y la eliminación, porque está claro que en casos como éste seguirá imperando la máxima que precisa que “el que a poco aspira a nada tiene derecho”.
Ricardo Valiño fue incapaz de mandar sobre un grupo de jugadores que se hicieron notar por su pusilanimidad, oscuridad e incapacidad. El director técnico argentino es, hoy día, el principal culpable de la eliminación del mediocre Atlético Morelia, no solamente porque no supo o no pudo mandar a la cancha a un equipo vertical, luchador, agresivo y con hambre de triunfo, sino porque le dio muchos partidos como titular a un portero sin cualidades para jugar en la mediocre Liga de Expansión, con lo que dejó escapar puntos que lo habrían colocado en mejor posición en la Tabla general y, por ende, con la ventaja del empate, un empate que siempre estuvo en favor del Atlante, mismo con el que ahora es finalista.
Se acabó, sí, la andadura del nuevo Atlético Morelia en el Guardianes 2020 de la mediocre Liga de Expansión, por lo que ahora hay que esperar a que los Arana y los Higuera se pongan a trabajar en serio y a la altura de lo que merece y debe exigir una plaza como la de Morelia, yegua que les ha quedado muy, pero muy grande. Así sea.









