Morelia, Mich., a 02 de noviembre del 2021.- Nuevamente las ánimas regresaron a los panteones del mundo tarasco durante la noche del 1 de noviembre y la madrugada del Día de los Fieles Difuntos. Otra vez los camposantos se poblaron de flores, luces y ofrendas en el marco de un ritual centenario que no deja de crecer y transformarse. La Noche de Muertos en Michoacán volvió a ser punto de confluencias entre los del más acá con los del más allá.
Tzintzuntzan fue anoche un hervidero de gente de todas partes de nuestro país y de diferentes partes del planeta. Toda la noche fue un ir y venir entre tumbas y altares de todos los tamaños y diseños en torno a los cuales los lugareños velaban a quienes se les adelantaron en el camino a otras galaxias.
Las bandas de música de viento y los cantos desvelados se dejaban escuchar ante la algarabía de los visitantes que se arremolinaban para ver e indagar para quienes les habían llevado jolgorio en esa noche-madrugada en la que el frío no fue tan inclemente como en años anteriores.
Ni lo resbaloso del suelo, ni los atascaderos fueron obstáculo para que hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales fueran de un lado a otro con rostro y miradas sorprendidas ante tan magnífico espectáculo que es propio y singular.
Esta vez no hubo exceso de alcohol, ahora no se escuchó la escandalera de otros años, al contrario, la gente caminaba en silencio, atenta a los detalles, con una actitud de admiración y respeto por aquello que no deja de ser una maravilla ante los ojos de propios y extraños.
Fue, la Noche de Muertos en Tzintzuntzan, una noche singular y maravillosa que recobró sus valores de devoción por parte de los lugareños y se fundió con la admiración de los miles de turistas que en voz queda comentaban lo excepcional de aquello que les es ajeno, pero que los sorprende gratísimamente.
La mayoría, eso sí, no llevaba cubrebocas, por lo que hay que esperar que ese descuido no sea de consecuencias funestas. Destacó también el gran número de connacionales y de extranjeros que llevaban el rostro maquillado como catrines y catrinas, lo que le dio un toque todavía más singular a la velada. Así sea









