Acapulco, Gro., a 7 de enero de 2026. — Un nuevo capítulo de horror sacude a la Guardia Nacional: otra agente fue encontrada muerta con una herida de bala dentro de un cuartel federal en Acapulco, reavivando la polémica y la indignación social por lo que ya es, para muchos, una crisis interna de violencia en las filas de la GN.
La agente —identificada como Dalila Medina Acosta, de 23 años— fue localizada sin vida en el estacionamiento de un cuartel en la zona de Los Órganos, con un disparo, en circunstancias que la autoridad mantiene bajo investigación entre posibles suicidio o homicidio. Esto ocurre apenas unos meses después de otro hecho terrorífico y sin precedentes dentro de las mismas instalaciones.
El caso que sacudió al país
En octubre de 2025, Stephany Carmona Rojas, una joven agente de 19–20 años, fue asesinada dentro del 51º Batallón de la Guardia Nacional en Acapulco, luego de recibir dos disparos en la cabeza.
Según reportes, el autor fue otro integrante de la misma corporación, identificado como un sargento segundo, quien abandonó el cuartel armado y se dio a la fuga tras el ataque.
Familiares y compañeros denunciaron que Stephany había sufrido hostigamiento y acoso laboral y sexual dentro del batallón, y que la versión oficial inicial —que habló de un “accidente en práctica de tiro”— no concordaba con la evidencia forense.
Horas después del homicidio, fuerzas de seguridad implementaron un operativo para localizar al presunto agresor, y posteriormente fue detenido en la zona de Llano Largo.
Una alarma que prende bajo la Guardia Nacional
Lo que antes se consideraba un hecho aislado ahora parece un patrón de tragedias internas. Dos agentes han perdido la vida de manera violenta dentro de instalaciones federales en el puerto de Acapulco en menos de tres meses, lo que ha generado indignación, exigencias de justicia y reclamos de protocolos de seguridad fallidos dentro de la propia Guardia Nacional.
La ciudadanía observa con incredulidad cómo una institución encargada de proteger —que lleva armas, entrenamiento y disciplina— se ve envuelta en muertes sin resolver, versiones contradictorias y posibles encubrimientos.
Mientras las autoridades avanzan en las indagatorias, el puerto de Acapulco continúa sumido en un halo de misterio y alarma que parece lejos de disiparse.








