*Antonio Oseguera Cervantes acepta responsabilidad y solicita una sentencia que le permita volver con sus hijos. Su defensa presenta ante un tribunal de Washington una historia de pobreza, adicciones y enfermedades, y sostiene que su papel criminal estaba muy por debajo del de su hermano.
Washington DC., EEUU., a 8 de noviembre de 2026.- Antonio Oseguera Cervantes quiere regresar a casa antes de morir. El hermano de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, presentó ante un tribunal federal de Washington una carta en la que pide compasión y reconoce que sus decisiones tuvieron consecuencias.
“Lamento profundamente mis acciones y el daño que causaron. Sé que cometí errores graves y acepto la responsabilidad por ellos”, escribió al juez.
La petición forma parte de los documentos presentados por su defensa para la determinación de su sentencia. Los fragmentos revisados llevan fecha de presentación del 3 de noviembre de 2026 y muestran la estrategia de sus abogados: destacar sus enfermedades, su edad y una participación que describen como subordinada dentro de la estructura criminal.
A sus 68 años, según el escrito de la defensa, Antonio padece varias condiciones médicas que limitan considerablemente su expectativa de vida. Los diagnósticos específicos están censurados.
En su carta, el propio acusado expone el miedo que acompaña su reclusión: “Uno de mis mayores temores es morir lejos de mi familia. Amo mucho a mis hijos y a mi familia, y espero que algún día pueda tener la oportunidad de pasar con ellos los años que me queden de vida”.
De los campos de Michoacán a los restaurantes de San Francisco
Los abogados reconstruyen una infancia marcada por las carencias. Antonio nació en 1958 cerca de Aguililla, Michoacán, y fue el tercero de siete hermanos. Según el documento, su padre trabajaba en el campo estadounidense, pero dejó de regresar y de enviar dinero cuando Antonio tenía alrededor de diez años.
La familia pasó por una etapa de pobreza severa. Antonio abandonó la escuela después de sexto grado para trabajar en el campo.
“Pasamos por muchas dificultades, incluyendo épocas en las que no teníamos suficiente comida”, relata en la carta.
Alrededor de los 16 años viajó a Estados Unidos, donde encontró a su padre cerca de Los Ángeles y trabajó con él en una fábrica de cercas. Después se trasladó a San Francisco.
Durante aproximadamente veinte años trabajó en restaurantes italianos del barrio de North Beach. Comenzó lavando platos, aprendió labores de cocina y después fue mesero y bartender. También combinó esos empleos con turnos nocturnos en bares.
En ese periodo se casó y tuvo dos hijas. La defensa sostiene que también desarrolló problemas de alcoholismo y adicción a la cocaína, y que su consumo contribuyó a su participación en la venta de drogas.
Una condena, la deportación y el regreso a México
En noviembre de 1996, Antonio fue detenido por una conspiración federal para distribuir heroína. Recibió una condena de 63 meses de prisión y, según el escrito, fue deportado a México en 2001, después de cumplirla.
Su primera familia permaneció en Estados Unidos. Él perdió su residencia permanente y su matrimonio terminó en divorcio.
De regreso en Michoacán vivió en Apatzingán y Uruapan. Trabajó en un almacén de materiales de construcción y posteriormente como comerciante de agave.
Para entonces, según sus abogados, sus hermanos Juan y Nemesio se estaban estableciendo en el narcotráfico. El documento señala que Antonio recibió cada vez más tareas relacionadas con drogas de parte de “El Mencho” o de sus familiares políticos, Los Cuinis.
La defensa reconoce su participación, pero intenta marcar una distancia respecto de los dirigentes. Sostiene que estaba ampliamente subordinado a su hermano y a los principales mandos del Cártel Jalisco Nueva Generación.
También argumenta que sus adicciones limitaban las responsabilidades que podían confiarle. Como parte de esa exposición, menciona que permaneció un año en un programa residencial de rehabilitación en Tlajomulco, Jalisco, entre abril de 2004 y abril de 2005.
Dos hijos pequeños y una petición al juez
La carta vuelve una y otra vez a la familia. Antonio refiere que, durante su vida en México, tuvo un hijo y una hija cuya madre murió de cáncer cuando eran pequeños. Afirma que asumió su crianza y que ahora ambos asisten a la universidad.
También menciona a sus dos hijos menores. “Tengo dos hijos menores, una niña de seis años y un niño de dos años. Deseo profundamente tener la oportunidad de verlos crecer y estar presente en sus vidas”, escribió.
Los abogados describen además su confinamiento durante más de un año en condiciones de aislamiento casi total en la cárcel de Alexandria. Sostienen que las restricciones a las llamadas y videollamadas con su familia agravaron su situación personal.
Ante el juez, Antonio pide que todo ello sea considerado al imponer la pena: “No le pido al Tribunal que ignore lo que he hecho. Le pido que, al momento de imponer mi sentencia, considere mi edad, mi estado de salud, mi familia y la vida que he llevado”.
Su solicitud más directa aparece hacia el cierre de la carta: “Respetuosamente le pido al Tribunal compasión y misericordia”.









