Morelia, Mich., a 17 de enero de 2026.- Ni la presión internacional, ni las acusaciones por narcotráfico, ni una recompensa conjunta de hasta 8 millones de dólares ofrecida por el Gobierno de Estados Unidos han sido suficientes para frenar la operación de Alfonso Fernández Magallón, “Poncho La Quiringua”, y Luis Enrique Barragán Chávez, “Güicho el de Los Reyes” o “R5”, dos de los líderes criminales más señalados en Michoacán y, paradójicamente, intocables en su propio territorio.
Mientras Washington los coloca entre sus objetivos prioritarios, en amplias regiones del estado su presencia sigue asociada al control territorial, la extorsión y la violencia armada, sin que exista una captura que rompa el ciclo de miedo. El contraste es brutal: Estados Unidos los persigue como criminales transnacionales; en México, la impunidad parece blindarlos.
Acusados de crimen transnacional
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, ambos son líderes de alto nivel dentro de una estructura criminal ligada a Cárteles Unidos, señalada por operar una red de narcotráfico que produce drogas en México y las introduce al mercado estadounidense. No se trata, según la acusación, de delincuencia local, sino de una empresa criminal internacional que se sostiene con violencia sistemática.
Drogas, armas y territorios
Estados Unidos los acusa de participar en una conspiración para fabricar y distribuir metanfetamina, cocaína y fentanilo con destino a EE. UU. Para sostener ese negocio, señala que el uso de armas de alto poder y explosivos en Michoacán fue clave para proteger rutas, laboratorios y zonas estratégicas, así como para enfrentar a grupos rivales.
Aunque estos hechos armados ocurrieron en México, Washington sostiene que forman parte directa del tráfico internacional de drogas, razón por la cual los incluye en su ofensiva judicial.
Extorsión como motor del crimen
En el caso de “Güicho/R5”, la acusación apunta a su papel en redes de extorsión que golpean a sectores productivos de la región. El dinero obtenido —según las autoridades estadounidenses— financia la compra de armas, el pago de sicarios y la continuidad de la estructura criminal, profundizando el control sobre comunidades enteras.
Violencia profesionalizada
A “Poncho La Quiringua” se le atribuye haber impulsado la profesionalización armada del grupo, mediante el reclutamiento y entrenamiento de personal con experiencia militar o policial, lo que habría elevado el nivel de confrontación y letalidad en distintas zonas de Michoacán.
Recompensas que evidencian el fracaso
Como parte del Programa de Recompensas contra Narcóticos, Estados Unidos ofrece hasta 5 millones de dólares por información que lleve a la captura de “Poncho La Quiringua” y hasta 3 millones por “Güicho/R5”. Más que una cifra, el monto revela una realidad incómoda: cuando el Estado mexicano no logra detener a sus criminales más violentos, otro país pone precio a sus cabezas.
Michoacán: territorio sin justicia
Para la población que vive bajo amenazas, cobros ilegales y enfrentamientos armados, las recompensas millonarias suenan lejanas. La vida cotidiana sigue marcada por el miedo, mientras los nombres de estos líderes continúan circulando más como advertencia que como casos judiciales resueltos.
La pregunta queda abierta y es cada vez más incómoda: ¿Cómo es posible que dos hombres buscados por Estados Unidos, acusados de narcotráfico, violencia armada y extorsión, sigan operando en Michoacán bajo una sombra de impunidad casi total?
Hasta ahora, ni millones de dólares, ni la presión internacional han sido suficientes para romper ese cerco.








