Tequila, Jal., a 7 de febrero de 2026.- El hoy alcalde de Tequila, actualmente preso y procesado por delitos federales, no solo fue postulado y respaldado por Morena, sino que recibió apoyo público en campaña de la hoy presidenta Claudia Sheinbaum, quien llamó expresamente a votar por él durante el proceso electoral de 2024. Hoy, las investigaciones lo colocan como pieza clave de una red de extorsión, violencia política y financiamiento al crimen organizado.
De acuerdo con las indagatorias de la Fiscalía General de la República, el presidente municipal habría entregado alrededor de 40 millones de pesos anuales a una organización criminal, recursos obtenidos mediante extorsiones sistemáticas a empresarios, cobros ilegales desde el ayuntamiento y amenazas administrativas. Para las autoridades, el municipio operaba como una caja financiera al servicio del crimen.
Uno de los señalamientos más graves lo vincula con el secuestro de dos precandidatos de su propio partido, ocurrido durante el proceso interno previo a la elección. Según las líneas de investigación, ambos aspirantes fueron privados de la libertad y obligados a renunciar a sus aspiraciones políticas, lo que permitió que el hoy detenido quedara como candidato único y posteriormente accediera al cargo con respaldo partidista.
Ese respaldo quedó documentado en video. Durante un video de campaña, Claudia Sheinbaum pidió explícitamente el voto para él: “Este 2 de junio en Tequila vota por Diego… es nuestro próximo presidente municipal y lo vamos a apoyar muchísimo”, dijo, antes de cerrar la grabación con el llamado a votar por todos los candidatos de Morena.
A la trama criminal y política se suma el escándalo del Museo Nacional del Tequila. Ya como alcalde, el funcionario cerró el museo al público y ordenó modificarlo sin autorización, pese a tratarse de un inmueble patrimonial protegido por el INAH. Las investigaciones señalan que el edificio fue convertido en una mansión particular y oficinas de uso personal, un acto que derivó en denuncias federales por daño y apropiación indebida de patrimonio histórico.
El caso de Tequila exhibe una cadena completa de hechos: un candidato que, según las investigaciones, habría eliminado a sus rivales mediante el secuestro; un partido que lo postuló y lo defendió; una campaña presidencial que pidió el voto por él; y un ejercicio de gobierno marcado por el uso criminal del poder público.
Hoy, el exalcalde enfrenta cargos por secuestro, extorsión, delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y delitos contra el patrimonio histórico, mientras permanece en prisión preventiva. Legalmente, el proceso sigue abierto. Políticamente, el daño ya está hecho.








