Aumenta identificación de muertos en bar "El Quijote", pero Carlos Soto solo lamenta a uno: el “Buen Gobierno” de Zamora, Michoacán, hasta en la tragedia tiene favoritos

Aumenta identificación de muertos en bar "El Quijote", pero Carlos Soto solo lamenta a uno: el “Buen Gobierno” de Zamora, Michoacán, hasta en la tragedia tiene favoritos
Autor: Redacción / Noventa Grados | Fecha: 5 de Octubre de 2026 a las 00:21:39

Zamora, Mich., a 5 de octubre de 2026.— Cuatro personas fueron asesinadas, tres más resultaron heridas y al menos 36 casquillos calibre 9 milímetros quedaron regados en la escena de una masacre que sacudió a Zamora. Pero cuando llegó el momento de hablar públicamente de la tragedia, el presidente municipal Carlos Soto Delgado encontró palabras solamente para una de las víctimas: el empresario dulcero Antonio Gutiérrez Zamudio.

El contraste difícilmente pasa inadvertido.

Tras el ataque armado ocurrido la noche del viernes en el bar El Quijote, ubicado sobre la avenida Virrey de Mendoza, en la colonia Las Fuentes, el alcalde publicó un mensaje de condolencias dirigido exclusivamente a la familia Gutiérrez Vallejo por la muerte de Antonio Gutiérrez Zamudio, de 70 años, propietario de una fábrica de dulces tradicionales de Zamora.

“Mis más sinceras condolencias a la familia Gutiérrez Vallejo por la partida de don Antonio Gutiérrez Zamudio”, escribió Soto.

El alcalde destacó el legado empresarial del fallecido y aseguró que Dulces La Esperanza es una tradición que forma parte de Zamora y que continuará “endulzando” la vida de generaciones de zamoranos.

Pero la masacre no terminó con la muerte de Antonio.

También fueron asesinados Laura Gabriel, de 40 años, y Eduardo Francisco G., de 38 años. Una cuarta víctima permanece todavía sin identificar. Además, tres hombres resultaron heridos durante la agresión.

De ellos, sin embargo, no hubo una palabra en el mensaje del presidente municipal.

No hubo condolencias para sus familias. No hubo una referencia a sus nombres. No hubo siquiera un mensaje general para las cuatro personas asesinadas o para los tres sobrevivientes que terminaron en hospitales.

El mensaje del alcalde tuvo un solo destinatario.

Y esa decisión comunicativa adquiere especial relevancia porque el propio Soto ha presumido recientemente en sus redes sociales un discurso de cercanía y atención a la ciudadanía. Apenas un día antes del ataque, había escrito que escuchar, atender y acompañar a las personas cuando lo necesitan es una responsabilidad compartida de quienes ejercen el servicio público.

La tragedia puso esas palabras frente a una realidad incómoda.

Siete personas fueron alcanzadas por las balas en El Quijote. Cuatro murieron y tres sobrevivieron con heridas. Pero en el mensaje público del alcalde solamente una de las víctimas recibió un reconocimiento individual.

El problema no es que Carlos Soto haya expresado condolencias por Antonio Gutiérrez. Era perfectamente legítimo hacerlo. El problema que queda expuesto es el contraste: ante una tragedia que cobró cuatro vidas, el presidente municipal decidió pronunciarse públicamente solo por una.

Y mientras Soto hablaba del legado empresarial de Antonio Gutiérrez, una familia seguía esperando la identificación de un hombre cuyo nombre todavía no ha sido hecho público.

La Fiscalía continúa intentando reconstruir lo ocurrido aquella noche. De acuerdo con los reportes sobre las diligencias, los agresores irrumpieron en el establecimiento y abrieron fuego. En la escena fueron localizados al menos 36 casquillos percutidos calibre 9 milímetros, además de cartuchos útiles, un cargador abastecido y otros indicios. Hasta ahora no se ha establecido públicamente el móvil ni se han reportado detenidos por el multihomicidio.

La violencia tampoco fue un episodio menor dentro de la estadística criminal de la ciudad. El ataque ocurrió en un establecimiento concurrido y obligó a desplegar a corporaciones de seguridad y servicios de emergencia, mientras los tres lesionados eran trasladados a hospitales de la región.

Por eso el silencio relativo del alcalde resulta todavía más significativo.

Carlos Soto no es un ciudadano cualquiera que publicó una condolencia en Facebook. Es el presidente municipal de Zamora. Su administración se promociona bajo la etiqueta de “Buen Gobierno”, una denominación que implica cercanía con la población y capacidad de respuesta ante los problemas que afectan al municipio.

Y justamente cuando Zamora enfrenta una tragedia de esta magnitud, el mensaje público termina concentrado en una sola víctima.

Cuatro muertos. Tres heridos. Treinta y seis casquillos. Una investigación abierta. Y una sola condolencia del alcalde.

La diferencia no la establecieron las balas; la estableció el mensaje posterior.

Porque en El Quijote no murió solamente un empresario. Murieron también Laura Gabriel y Eduardo Francisco G., además de un hombre que todavía espera ser identificado. Detrás de cada uno hay familiares, amigos y una historia que terminó abruptamente aquella noche.

Todos merecen la misma consideración institucional.

El llamado “Buen Gobierno” puede presumir resultados, felicitar a otros funcionarios y hablar de cercanía. Pero cuando una ciudad enfrenta una masacre, la prueba de esa cercanía no está en los discursos ni en las fotografías: está en cómo responde ante el dolor de su propia gente.

Y en este caso, el mensaje de Carlos Soto deja una pregunta inevitable sobre la mesa:

¿Por qué, ante cuatro personas asesinadas en el mismo ataque, el alcalde solamente encontró palabras para una?

Porque para las familias de las otras tres víctimas, el silencio de Carlos Soto hace más ruido que sus palabras.

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