México, D.F., a 11 de septiembre de 2015.- Cada año, 85.000 personas en todo el mundo mueren debido a la mordedura de una serpiente. Es un número relativamente bajo si se considera que el total de personas mordidas ronda los 2,5 millones y que al planeta lo habitamos más de 7.000 millones, pero conocer mejor cuáles son las condiciones en que se da este fatal encuentro entre seres humanos y ofidios es fundamental para salvar más vidas.
Un grupo de científicos encabezado por un costarricense descubrió una correlación entre la cantidad de mordeduras de serpientes y el fenómeno de El Niño.
Durante El Niño, las aguas del Pacífico oriental ecuatorial se calientan más de lo normal. Mientras en zonas de América del Sur y el Caribe de América Central se desencadenan fuertes lluvias e inundaciones, en otras como el Pacífico de América Central y el Valle Central de Costa Rica se vive una baja considerable en las precipitaciones y un aumento de las temperaturas.
El Niño se presenta en ciclos de entre tres y ocho años y tras él llega su contraparte, La Niña, la cual trae consigo un enfriamiento de las mismas aguas.
Los hallazgos
Según explicó el equipo liderado por el tico Luis Fernando Chaves, quien actualmente labora en el Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de Nagasaki en Japón, durante El Niño hubo un aumento notable en las mordeduras de serpientes de las cuales lleva registro el Ministerio de Salud de Costa Rica, donde es obligatorio reportarlas.
La publicación del estudio en la más reciente edición de la revista Science Advances recuerda cómo, al ser animales de sangre fría, las serpientes están más activas cuando hay más calor, justo lo que sucede con El Niño en lugares como La Cruz de Guanacaste, al noroeste de Costa Rica, donde se registró la mayor cantidad de mordeduras.
No obstante, no es El Niño el único factor que permite explicar el aumento en mordeduras. Los científicos argumentan que también la pobreza influye pues casas de personas de bajos recursos en zonas rurales no evitan los encuentros con estos reptiles de la misma forma que las casas mejor construidas, por ejemplo.
También se detectó un pico de mordeduras de serpientes durante la fase de La Niña en algunas zonas lluviosas de Costa Rica. Esto se explicaría, comentaron los expertos, por la variación de las presas: si existe menos qué comer por cambios en el clima, las serpientes tendrán la necesidad de estar más activas para satisfacer sus necesidades energéticas y esto las expone más a encuentros con humanos. Durante La Niña, la abundancia de semillas puede bajar y esto puede afectar presas como las aves.
Los datos analizados corresponden a registros entre el 2005 y el 2013. El fenómeno de El Niño incluido en ese periodo fue uno registrado entre 2009 y 2012. Según explicaron, la incidencia de mordeduras de serpientes creció 25% por cada grado Celsius de aumento sobre la temperatura promedio.
Este análisis es valioso porque podría emplearse para predecir la necesidad de sueros antiofídicos y los lugares donde tienen que estar disponibles para atender a víctimas de mordeduras de serpientes.
Pionero y con aplicaciones prácticas
Según explicó Chaves a Scientific American, este es el primer estudio de su tipo, aunque él mismo ha investigado el impacto del cambio climático en otras especies.
“El tópico principal de mi investigación es entender el impacto que el cambio climático tiene en insectos vectores de parásitos. He estado estudiando el impacto de patrones inusuales en el estado del tiempo en mosquitos (vectores de los virus responsables del dengue y la fiebre amarilla, así como de los protozoarios causantes de la malaria) y flebotomos (conocidos popularmente en Centroamérica como papalomoyos o chitras y vectores de la leishmaniasis) para entender cómo cambian las poblaciones de estos insectos y su infección por parásitos y cómo estos cambios se reflejan en la transmisión de parásitos causantes de enfermedades.
“Hasta ahora, junto con varios colegas, hemos podido determinar que los patrones inusuales del estado del tiempo anteceden brotes de mosquitos en diversos lugares del planeta”, explicó el científico.
José María Gutiérrez, quien también participó en el estudio y es investigador del Instituto Clodomiro Picado, especializado en el estudio de serpientes y la producción de suero antiofídico en Costa Rica, dijo esperar que esta investigación desencadene estudios similares en otras zonas del planeta, como América del Sur, África y Asia, donde también son comunes las mordeduras de serpientes.
Además, Gutiérrez comentó que en el ámbito local los resultados del estudio ya permiten tomar decisiones de política pública. “Por ejemplo, se puede analizar si en las zonas donde se dan más mordeduras existen centros de atención de salud básicos y si estos tienen el suero antiofídico necesario. Además, es importante confirmar si cuando regrese El Niño, como está sucediendo en este momento, estamos o no registrando un aumento en las mordeduras”, dijo este microbiólogo y químico.
Chaves considera que su investigación debería tener un impacto doble.
“Por un lado, da evidencia sobre los efectos negativos del cambio climático y la necesidad de estimular políticas que disminuyan su avance y exacerbación en el corto y mediano plazo, pensando sobre la irreversibilidad que los patrones actuales implican a largo plazo.
“Por otro, el observar que las poblaciones más afectadas por las mordeduras de serpientes son las más pobres, se plantea el reto de disminuir su vulnerabilidad, por ejemplo, promoviendo políticas que disminuyan en el mediano a largo plazo las brechas socioeconómicas en la sociedad, pero también en el corto plazo fortaleciendo agencias que atienden a poblaciones desprotegidas cuando ocurren emergencias”, comentó el especialista.









