Ciudad de México, a 17 de agosto de 2026.- La costa de Guerrero mantiene una zona de especial vigilancia sísmica debido a la energía que se ha acumulado durante más de un siglo y que, bajo determinadas condiciones, podría liberarse mediante un terremoto de magnitud 8, de acuerdo con investigaciones realizadas por especialistas del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El estudio, encabezado por el investigador Víctor Manuel Cruz Atienza, se concentra en la llamada brecha sísmica de Guerrero, donde no se ha registrado un terremoto mayor a magnitud 7 desde 1911. Los científicos estiman que un movimiento de gran intensidad en esta región podría generar en la Ciudad de México sacudidas entre dos y tres veces mayores que las provocadas por el terremoto de 1985.
Los resultados forman parte de una investigación iniciada en 2017, cuando especialistas instalaron sensores de alta precisión en el fondo marino frente a las costas de Guerrero. Estos instrumentos permitieron observar con mayor detalle el comportamiento de la placa de Cocos y detectar movimientos que anteriormente no habían sido identificados.
Entre los fenómenos registrados se encuentran los llamados “sismos lentos” y deformaciones conocidas como “jalones transitorios de placa”, procesos que implican cambios en la velocidad de desplazamiento de la placa tectónica. De acuerdo con los investigadores, este tipo de señales se presentó antes de los terremotos ocurridos en Huatulco en 2020, Acapulco en 2021 y Michoacán en 2022.
Cruz Atienza explicó que la presencia de sismos lentos no significa necesariamente que vaya a ocurrir un terremoto de gran magnitud; sin embargo, cuando estos fenómenos aparecen durante periodos de elevada actividad tectónica, pueden incrementar de manera considerable la posibilidad de que se produzca una ruptura.
La identificación de estas señales representa un avance relevante para el estudio de los terremotos, ya que podría contribuir al desarrollo de nuevas herramientas de monitoreo y, eventualmente, de sistemas de alerta temprana con alcance internacional.
Los especialistas indicaron que la investigación no permite establecer una fecha ni anticipar de manera exacta cuándo ocurriría un eventual terremoto, pero sí aporta información para comprender mejor los procesos que anteceden a los grandes movimientos telúricos y fortalecer las medidas de prevención ante este tipo de fenómenos.









