Perdón, pero en esta historia de LOS CANARIOS DEL ATLÉTICO MORELIA NO CABE NADIE MÁS

Publicado el 26 de Julio de 2020 a las 14:21:00 | Por: Óscar Tapia Campos / Noventa Grados |

Morelia, mich., a 26 de julio del 2020.Perdón, perdón, pero en esta historia no cabe nadie más, absolutamente nadie, por eso empezaré con los nombres de los que lograron la hazaña única en la historia del Morelia de todos los tiempos: Félix Madrigal, José Sánchez, José Macías, René Romero, José Luis Parra, Jorge Tapia, Jaime Salgado, Horacio Rocha, Sergio Suárez, Jacinto Ambriz, Ezequiel Gaytán, Bulmaro Velázquez, Marco Antonio Revuelta, Gilberto Cruz, Renato Hernández, Antonio Leyva, Jaime Medellín y Alfredo Pérez. Claro, y Diego Malta, Elías Muñoz, Roberto González, Rubén Trejo, Gustavo Tamayo y Fortunato Lemus.

Ellos, y nadie más, son los jugadores, los entrenadores, el preparador físico y el cuerpo médico que en 1981 lograron la gran hazaña de campeonar en la Segunda División y también obtener el boleto al máximo circuito del futbol mexicano. Hazaña de magnitudes titánicas precisamente porque nunca fue el equipo favorito, de suyo, se pensó que quedaba eliminado, pero el Oaxtepec ayudó, sin desearlo, a que el Atlético Morelia regresara a la lucha.

Exacto, hoy es el 39 aniversario de la proeza construida con esfuerzo, entrega, honestidad y un espíritu indómito a prueba de huracanes y ciclones por esa pléyade de futbolistas de una sola pieza, jugadores forjados al fragor de las batallas y sin más armas que su deseo de ser y, claro, sus talentos personales que supieron convertir en capacidades dirigidas por Diego Malta.

Son 39 años ya en lo que ha pasado de todo, pero también en los que ninguna otra hazaña es equiparable a la de ascender de Segunda a Primera División, porque en el futbol, como en todo en la vida, primero es lo primero y después lo demás, es decir que sin ascenso no habría Primera, ni el campeonato del 2000, ni Copa Libertadores, ni Liga de Campeones de la Concacaf, ni campeonato de Copa, ni Superliga, ni superlideratos y ni el Mejor del Mundo en 2002.

Primero, sí, es lo primero, y esa proeza de connotaciones épicas es sólo de Félix Madrigal, José Sánchez, José Macías, René Romero, José Luis Parra, Jorge Tapia, Jaime Salgado, Horacio Rocha, Sergio Suárez, Jacinto Ambriz, Ezequiel Gaytán, Bulmaro Velázquez, Marco Antonio Revuelta, Gilberto Cruz, Renato Hernández, Antonio Leyva, Jaime Medellín y Alfredo Pérez. Claro, y Diego Malta, Elías Muñoz, Roberto González, Rubén Trejo, Gustavo Tamayo y Fortunato Lemus.

Después de ese 1981 vinieron angustias, exaltaciones y hasta exageraciones, mentiras y más mentiras hasta que en el 16 de diciembre de 2000 se volvió a ser realmente grande, pero esa es otra historia que en su momento hay que relatar. Aquí lo triste, lo lamentable, es que el malinchismo, la ceguera y la falta de juicio realmente crítico es que la afición moreliana no tiene a esos extraordinarios futbolistas entre sus más grandes ídolos, más bien le entrega sus afectos a gente que ha venido a mentir y a cobrar todo por un prestigio que no se ganó en las canchas.

Por eso, ahora y aquí, hay que precisar por tercera vez los nombres de esos figurones de la historia del Morelia de todos los tiempos:

Félix Madrigal, José Sánchez, José Macías, René Romero, José Luis Parra, Jorge Tapia, Jaime Salgado, Horacio Rocha, Sergio Suárez, Jacinto Ambriz, Ezequiel Gaytán, Bulmaro Velázquez, Marco Antonio Revuelta, Gilberto Cruz, Renato Hernández, Antonio Leyva, Jaime Medellín y Alfredo Pérez. Claro, y Diego Malta, Elías Muñoz, Roberto González, Rubén Trejo, Gustavo Tamayo y Fortunato Lemus.

Y nadie más, nadie, absolutamente nadie merece hoy ser nombrado aquí, por eso gracias a todos ellos, gracias por su entrega, por la proeza, por haber dejado cuerpo, alma, mente y corazón en la cancha de todos los estadios de aquella Segunda División y, en la gran final, en el Estadio Olímpico Venustiano Carranza donde yo fui uno de esos más de 20 mil aficionados que atiborramos las localidades disponibles y hasta las que no.
Perdón, pero en esta historia no cabe nadie más, absolutamente nadie. Así sea.

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