Morelia, Michoacán; 27 de diciembre de 2021.- Con las fiestas decembrinas se hacen presentes muchas tradiciones muy enraizadas en la cultura actual, como las posadas que pasaron de ser actos meramente religiosos, a tener un significado más de fiesta, que no se limitan a hacerse en un templo; otras cosas se mantienen, como las cenas familiares de Nochebuena y Año Nuevo, pero las costumbres van adquiriendo cambios con el tiempo o pasan a significar otras cosas, como es el caso de los propósitos de año nuevo, una costumbre que muchos frecuentan, pero que otros tantos creen que es sólo apariencia.
Mayra González, comerciante del área gastronómica y madre de familia, con más de 30 años cumplidos; y Ángel Hurtado, librero joven de 22 años, compartieron su visión acerca de la tradición de los propósitos para el año nuevo, cada uno desde sus circunstancias: edad, educación, trabajo, y estilo de vida.
MAYRA GONZÁLEZ
Mayra dijo que ella sí tiene la costumbre de hacer propósitos para iniciar el año, mismos que hace con su esposo, pero que con los eventos recientes del COVID-19 desde hace ya dos diciembres le resulta muy complicado cumplirlos.
“Antes con mi esposo sí nos proponemos a comprar cosas para completar nuestra vivienda o arreglarla y mejorar la calidad de vida de la familia, pero ahora con esto de la Pandemia, los propósitos los enfocamos a estar bien, a seguir aquí, tranquilos y con la familia”, expresó la comerciante.
Para Mayra González el sentido de los propósitos de año nuevo es que “uno se va alimentando de una meta a cumplir, diciéndose “sí puedo”. Es algo que te alienta a seguir hacia delante, pero eso sí, no tiene que ser solamente para el año nuevo, si no todo el tiempo, porque todo el tiempo uno ocupa luchar por salir adelante”, explicó.
De manera personal compartió que su familia está pasando por una etapa fuerte de “golpes sin descanso”, ya que familiares cercanos, amigos y vecinos, han estado enfermándose y otros falleciendo en el transcurso de este 2021, dejándolos en shock.
“Actualmente los propósitos que tengo, sin que sea por el año nuevo, son muy personales, pocos y básicos: tratar de resolver los problemas de la familia y buscar estar lo más unidos que se pueda, con esposo e hijos, porque no sabemos qué pueda pasar. Ese es mi principal propósito: estar bien yo, para poder estar bien para la familia, sobre todo para los niños” confesó.
Mayra invitó a los morelianos a que traten de estar bien consigo mismos, pues “si estás bien tú, contagias a los que te rodean de ese bienestar. Hay que ver lo positivo de las cosas y salir adelante”.
ÁNGEL HURTADO
Por otro lado, Ángel expresó que los propósitos de año nuevo no son lo que parece: una tradición muy bonita y positiva para iniciar el año, si no un autoengaño.
“Creo no es necesario que un ciclo de anualidad nos oriente a hacernos propósitos, ya que es algo que puede hacerse en cualquier momento del transcurrir un año, no tenemos que esperar fechas exactas para hacer cosas buenas en nuestra vida. Hacerlo de manera tradicional, cíclica, casi por impulso es un autoengaño, pues nos planteamos las mismas cosas año con año y ni siquiera hacemos una verdadera reflexión sobre ellas”, expuso el joven librero.
Comunicó también que, a su parecer, la gente al no poder cumplir las metas que se propone se frustra por sus expectativas rotas.
“La mercadotecnia impulsa esta idea de hacer propósitos, de la cual se beneficia, pues estas convicciones muchas veces tienen que ver con cuestiones materiales o de belleza. Y a la larga hacen mal en la gente, porque terminan sintiéndose culpables por las metas sin cumplir, y que no dependen completamente de ellos de que se cumplan”, detalló Ángel Hurtado.
Dos visiones, de dos generaciones diferentes que comprueban que el mundo cambia constantemente, que no todo consiste en una sola forma de ver las cosas, pues Mayra y Ángel nos invitan, desde sus perspectivas, a ver su realidad personal de tener propósitos de año nuevo: para los dos es algo que va más allá que una tradición que se hace una vez al año. Para ella es una costumbre que se debe repetir a lo largo de los doce meses, y para el otro, una razón más para cuestionarnos la forma en que funciona la sociedad.









