Es de la autoría de Don Tomás Rico Cano, el poema a Morelia más celebrado

Es de la autoría de Don Tomás Rico Cano, el poema a Morelia más celebrado
Autor:  Óscar Tapia Campos / Noventa Grados | Fecha: 18 de Mayo de 2026 a las 21:04:00

Morelia, Michoacán, a 18 de mayo de 2026.- Morelia, esta añosa ciudad fundada el 18 de mayo de 1541, celebra este día sus 485 años sin haber perdido ni un ápice de su belleza. Se mantiene erguida con su porte señorial y con la altivez que le da su grandilocuencia arquitectónica, de ahí que siga siendo musa de poetas de todas las estaturas y de todas las voces. Sin embargo, el poema más leído,  el más celebrado, declamado y divulgado es aquel que fue escrito por el bardo uruapense y moreliano, normalista y nicolaíta Tomás Rico Cano, titulado inicialmente como “Borrador de una Carta” y al que después se le re tituló “Cómo me Gustas, Morelia”.

Es un romance intimista en el que el poeta le habla a la ciudad como se le hablaba a la novia en aquellos tiempos de los años 50 y 60 del siglo pasado. Su lenguaje coloquial, romántico, conecta inmediatamente con el lector. Sin rebuscamientos lingüísticos y con metáforas que aluden a la cotidianeidad de la ciudad, a sus plazas, calles, templos, escuelas y a su catedral, Rico Cano realiza un recorrido, verso a verso, por lo que hoy conocemos como el centro histórico de “la ciudad de las canteras rosas”.

Sus octosílabos agrupados en cuartetas de rima asonante se desplazan suavemente, sin tropiezos, sin tumbos, sin ripios. Caminan con la sutileza de quien va al lado del ser amado, susurrante, enamorado, con ese amor de adolescente de los años idos. La musicalidad de sus versos es tan cadenciosa, que se escucha, se siente y se disfruta como disfrutaban de un vals nuestros abuelos: “Cómo me gustas, Morelia, / de noche y de madrugada; / qué diáfana tu sonrisa / al aparecer el alba”. //

El maestro Tomás Rico Cano, mi maestro, me platicaba que escribió ese romance “por envidia, pero envidia buena, porque Lucas Ortiz Benítez ganó unos Juegos Florales con Romance a Morelia, ese largo poema que colocaron en ladrillos a lo largo del Callejón del Romance”. Precisaba que se impuso la tarea de escribir un romance en otro tono, desde otro ángulo, con otro lenguaje. Y fue entonces que pensó en escribirle una carta a Morelia, como si la ciudad fuera su novia, su compañera de paseos y, a la vez, su confidente:

“Cómo me gusta tu luna/ que en espigas se desgaja, / cuando el silencio ilumina / las voces de tus miradas. // De madrugada y de noche, / con derrotas y esperanzas, / en el corazón te llevo, Morelia de las campanas. // Morelia, cómo me guatas / sin artificios ni alhajas / desnuda, con tus pregones, // y tu cantera lavada. // Cómo me gustan tus calles / que con el campo se abrazan; y tus cúpulas; y torres / como fechas disparadas. // Ausente, traigo el recuerdo / de tus normalistas aguas; / de tus altas camelinas / que se encienden como lámparas. // Y tu acueducto de sueños / que casi en silencio pasa, // para que en Villalongín / no se despierten las malvas”. //

El poema es, en efecto, una epístola dirigida a Morelia. Una carta escrita en 60 versos, seccionados en 15 cuartetas sin estridencias, sin melodramas, sin gazapos. Una misiva que fluye sin detenerse, sin parar, en forma circular, porque con todo y que tiene sus virtudes de río en hondonada, termina siendo circular, porque el poeta le habla desde cualquier parte y al final le pide respuesta, misma que está allí, desde el principio del poema mismo.

“Cómo me gustas, Morelia / si quisieras te robara / y te llevaría del brazo / camino de la Calzada. // Calzada mía que en la tarde / después de clases nos llama / y en sus canteras alfombras / recoge nuestras pisadas. // Casi sin hablar iríamos / con las palabras guardadas / que la voz estorbaría / para verte bien la cara. // Después, volveríamos tarde / a dar vueltas en la plaza, / mientras el viento de agosto / ante ti se arrodillara. // Y ya después, en la noche, / que en tu casa te dejara, me sorprendería un lucero / con un “gallo” en tu ventana”. //

El gusto del poeta, del maestro Tomás Rico Cano, por esta ciudad que fue fundada en el Valle de Guayangareo con el nombre de Valladolid, misma que el 12 de septiembre de 1828 fue renombrada en honor de su hijo epónimo, José María Teclo Morelos Pérez y Pavón, como Morelia, fue tan grande como el que sentía por Uruapan, su tierra natal, habida cuenta que él nació en el Barrio de la Magdalena de allá, de la Perla del Cupatitzio, por eso redondea su poema a la forma siguiente:
“(¡Cómo olvidar de Morelia / sus nubes ensangrentadas, / la glicínea del Colegio / y una sombra de araucaria!) // Morelia, cómo me gustas / normalista y nicolaita, / recogiendo en la cantera / caricias de jacaranda. // Morelia, cómo me gustas, / de noche y de madrugada; recibe y contesta pronto / los renglones de esta carta”. //

El abogado, maestro, poeta, ensayista, antologista y promotor cultural Tomás Rico Cano nació el 1 de noviembre de 1916 en Uruapan, Michoacán; y falleció el 4 de marzo de 1993 en su amada Morelia, donde fue enterrado a la manera que pidió en su poema de Romance de Amor a Uruapan: “Y cuando llegue la hora / en que se quiebren mis ramas, con tu rebozo de guare / cobíjame bien la cara”. //

Su hermana, Marina Rico Cano, le cumplió su deseo, le colocó un rebozo de guare sobre su rostro y, así, fue sepultado en la capital michoacana el poeta que tan bellamente poetizó a esta ciudad de tirios y de troyanos, de héroes y de traidores, y de poetas que le han cantado con devota pasión desde el siglo XVI. Así sea.

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