Fotos: Kalí Tapia
Morelia, MN., a 06 de marzo del 2022.- El gozo se fue al pozo. Lo acontecido ayer en el Cortijo La Maestranza debe convocar al análisis, a la autocrítica, a la reflexión y a la toma de decisiones responsables. Afortunadamente no hubo hechos lamentables, pero se lidió ganado con tanto sentido que eso pudo haber terminado en tragedia. No hay que esperar que se ahogue el niño para después tapar el pozo. Lo sucedido no debe repetirse.
Hay veces que lo que no sucedió supera a lo acontecido. Este es el caso. Porque los alternantes bien, todos muy bien, extraordinarios los subalternos y un público maravilloso que llenó el graderío. Muchos factores plausibles, uno, solamente uno muy terrible, el de un ganado con un sentido asesino, tanto que el matador Emiliano Villafuerte “El Moso”, los novilleros Ricardo Campos y Fermín Bribiesca, el aficionado práctico Enrique León y todos los demás corrieron peligro latente de muerte.
Sí, no hay que esperar a que se ahogue el niño… No hubo tragedia, pero de seguir con esas prácticas va a llegar el día que se dé y, entonces, habrá graves consecuencias para el lugar donde suceda, para los organizadores y para quien manda ganado como los marrajos de ayer, porque eso ronda los ámbitos del delito. Más vale una llamada de atención a tiempo, que mil lamentaciones, tribulaciones y dolores de cabeza después.
EL FESTIVAL
Abrió plaza Isaías López, discípulo del matador Manolo Arruza, quien nuevamente dejó ver el talento natural que le es propio y sus avances técnicos. Tuvo en suerte un buen becerro que al supo aprovechar muy bien con su trasteo aseado, su finura con capote y muleta, su conexión con los tendidos y su andar seguro por el redondel. Al final fue el gran triunfador del festival porque recibió el trofeo de la autoría del escultor Mario Mármol.
Emiliano Villafuerte el Moso realizó una faena enorme ante un toro muy lampareado. No, no fue faena de lucimiento, claro que no, porque era imposible por las condiciones del burel, pero sí de mucha cabeza, mucha sabiduría, riesgo enorme y un peligro sordo y seco. El matador moreliano demostró nuevamente que tiene muchos recursos técnicos y que es dueño de un valor sereno. Se tuvo que tirar a matar desde lejos y recibiendo.
Ricardo Campos tuvo que abreviar para no sucumbir ante un novillo muy enterado, de medias embestidas con la cabeza arriba que se volvía en un palmo de terreno para tirarle los derrotes. Bien el novillero uruapense.
Fermín Bribiesca derrochó voluntad y, aunque el tiempo fuera de los ruedos se notó, tuvo tanta fortuna que hasta logró dos tres pases de buena factura. Pero se salvó de la cornada cuando perdió la vertical. A él le salió un eralito con muchísimo sentido, también se la pasó cuidándose para no terminar en la enfermería. El público pidió una oreja para él y el juez de plaza amablemente la autorizó.
El cierra plaza fue un eral infumable, sin un pase, codicioso y encimista que estuvo cazando de principio a fin a Enrique León, el que también derrochó deseos de agradar, pero no pudo mostrar su trasteo fino porque era imposible ante tamaño bicho. Abrevio y… se acabó la canción.
El Mariachi Ordaz de Purépero muy bien en la ambientación musical, el público de dulce, la tarde maravillosa para que se hubiera dado una gran celebración taurina, pero… En lo sucesivo se debe comprar ganado limpio, de buenos empadres, porque de lo contrario tarde que temprano se ahogará el niño y no es lo que se quiere. Así sea.









