Vulgarización de la investidura presidencial

Vulgarización de la investidura presidencial
Publicado 19 de Enero de 2022 21:15:00 Autor Óscar Tapia Campos / Noventa Grados Columna de Opinión

Morelia, Michoacán; a 19 de enero del 2022.- Yo soy de otra época, de cuando las investiduras gubernamentales tenían gran valor, de cuando quienes ocupaban un cargo de alta envergadura se conducían públicamente con seriedad, responsabilidad y gran categoría porque tenían muy claro lo que representaban ante los ojos de la gran nación que es México.

Yo vengo de aquella época, de cuando la investidura presidencial era respetable, respetada y admirada. La investidura, preciso y subrayo, porque en lo privado, tras bambalinas, en lo oscurito y a escondidas el individuo pudiera ser la otra cara de la moneda e indigno de tan alto rango.

Vengo de allá. Será por eso por lo que no me acostumbro a ver que el actual titular del Poder Ejecutivo Federal, el señor López, se conduce públicamente como cualquier hijo de barriada, como si se tratase de un peladito más de cualquier cantina de mala muerte o burdel de baratijas.

El señor López ha vulgarizado la investidura presidencial como no lo había hecho ninguno de sus antecesores en el cargo, y vaya que hubo vulgarcitos de mala entraña, tanto del PRI como del PAN, pero ninguno de ellos de conducta pública tan deplorable.

La actitud, el lenguaje, las chistosadas, las ocurrencias, las descalificaciones para quienes no son sus adoradores, las estrategias distractoras, como esa de rifar el avión presidencial, no son dignas del más alto funcionario público de este enorme y hermoso país nuestro.

Hasta lo que va de su sexenio, al señor López no sólo le ha quedado grande el encargo, sino que en no pocas ocasiones ha provocado risa, hilaridad y burla. Y eso no es para ignorarse, ni para quedarse como que no pasa nada, porque para bien o para mal se trata del presidente de México y los mexicanos, y lo que haga, diga o deje de hacer nos califica a todos como pueblo y como nación.

La vulgarización de la investidura presidencial debe parar, debe pararla el señor López, porque entre sus responsabilidades está honrarla y darle lustre, al menos en lo público, aunque en lo privado él sea como quiera ser y se conduzca como quiera hacerlo ante los suyos, sus fieles (que no sus leales, porque tiene de toda ralea a su servicio) y besamanos.

Pararse todos los días ante un podio para continuar con sus discursos de campaña electoral, adjetivar soezmente a quienes no comulgan con sus disparates, descalificar a quienes osan cuestionarlo, poner apodos, recurrir a frases echas y lugares comunes para hacerse el gracioso y tratar de justificar lo injustificable con ataques al pasado, evasivas, ocurrencias para que no se toquen temas nodales de la hora actual y permitir la puesta en escena de una rueda de prensa cotidiana con serviles estratégicamente distribuidos y aleccionados para preguntar y/o decir lo que él indica es indignante porque uno quiere que el presidente sea respetable y respetado, aunque no merezca ser admirado. Así sea.

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