Inauguran puente y dos ventanas arqueológicas en la zona del Templo Mayor - Noventa Grados - Noticias de México y el Mundo
Viernes, 2 de Diciembre de 2016

Inauguran puente y dos ventanas arqueológicas en la zona del Templo Mayor

Miércoles, 30 de Noviembre de 2016 a las 14:10:00 | Por:Redacción / Noventa Grados

México, D.F., a 30 de noviembre de 2016.- Uno de los edificios más importantes de lo que fue el centro ceremonial tenochca ha sobrevivido al paso de medio milenio, en un estado de conservación único que los transeúntes del Centro Histórico de la Ciudad de México pueden constatar desde hoy al asomarse a un par de ventanas arqueológicas habilitadas en la calle República de Argentina, entre Justo Sierra y San Ildefonso, gracias al esfuerzo realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a lo largo de tres años.

En la apertura de estos espacios, que se integran al puente peatonal que vuelve a conectar el Zócalo con el nororiente del Centro Histórico capitalino, Diego Prieto Hernández, secretario técnico y encargado de la Dirección General del INAH, reconoció el trabajo de los arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana (PAU), bajo la responsabilidad de Raúl Barrera Rodríguez, y de restauradoras del Museo del Templo Mayor, para la puesta en valor de este Gran Basamento, ubicado en lo que fue el límite norte del Recinto Sagrado de México-Tenochtitlan.

En el acto encabezado por el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, el antropólogo Diego Prieto destacó que desde que fue creado el PAU en 1991, a iniciativa del investigador emérito de esta institución, Eduardo Matos Moctezuma, se han ido desentrañando los restos de algunos de los edificios que constituyeron el centro ceremonial de los mexicas.

Las ventanas arqueológicas distribuidas en el Centro Histórico de la Ciudad de México tienen el propósito de mostrar Tenochtitlan “fue una enorme ciudad, una ciudad que no solamente incluyó al Templo Mayor, sino 78 grandes edificaciones, que gracias al trabajo tanto del Proyecto Templo Mayor como del Programa de Arqueología Urbana, se están recuperando”.

Destacó que las dimensiones del Gran Basamento que ahora queda expuesto a la vista pública sobre República de Argentina, no dejan duda sobre su relevancia, ya que mide 40 metros de norte a sur. Su frente principal hacia el lado oeste atraviesa esta calle y entra parcialmente por debajo de los edificios aledaños, por lo que no se tiene certeza de su ancho en un eje este-oeste, aunque se calcula que debe ser de las mismas dimensiones por sus cuatro lados.

La relevancia del hallazgo —dijo el secretario técnico del INAH— ameritó conjuntar los esfuerzos del Gobierno de la Ciudad de México, mediante la Autoridad del Espacio Público y el Fideicomiso Centro Histórico, y del INAH, a través del PAU.

“El trabajo del INAH en el Centro Histórico de la Ciudad de la Ciudad de México, en el corazón de la República Mexicana, es una tarea difícil. Nosotros tenemos que estar al servicio de la ciudad, debemos saber compaginar la recuperación de la memoria prehispánica, el respeto de nuestros monumentos virreinales y también la funcionalidad y el disfrute de una ciudad viva”, expresó el antropólogo.

De acuerdo con lo previsto, será en el primer trimestre de 2017 cuando abra el nuevo vestíbulo del Museo del Templo Mayor, espacio donde el visitante apreciará otros hallazgos: un piso de lajas con representaciones de la guerra sagrada, una parte importante del Cuauhxicalco, una estructura circular de la que sobresalen esculturas en forma de cabezas de serpiente y que fue escenario de actividades vinculadas con el fuego, siendo de las más sobresalientes la inhumación de los gobernantes mexicas. Además —dijo—, asociado al Cuauhxicalco, permanece el tronco de un árbol que fue considerado sagrado por los tenochcas.

Comentó además que las maquetas del Recinto Sagrado de México-Tenochtitlan dispuestas en la Plaza Manuel Gamio —las cuales también podrán verse el año entrante—, son una actualización del plano original de Ignacio Marquina, con base en los últimos hallazgos efectuados por el PAU, entre los que se encuentran los restos del Calmécac, del Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl, de la Cancha de Juego de Pelota, del Huey Tzompantli y del Gran Basamento.

“Poco a poco vamos encontrando la coincidencia virtuosa entre las crónicas del siglo XVI y la arqueología. Es decir, las crónicas no estaban tan desencaminadas, pero vamos ajustando el conocimiento de la Gran Tenochtitlan, por eso observarán diferencias singulares entre la maqueta de Marquina y la que se presentará para el disfrute del público”, puntualizó Diego Prieto.

Previo a la ceremonia de apertura del puente sobre el Templo Mayor, que contó con las palabras de la cronista Ángeles González Gamio y del Director General del Fideicomiso Centro Histórico, José Mariano Leyva, se hizo un recorrido sobre este paso peatonal y por el par de ventanas arqueológicas en República de Argentina.

Ahí, el profesor Eduardo Matos Moctezuma y el responsable del PAU, Raúl Barrera, detallaron que el Gran Basamento presenta evidencias de por lo menos cinco etapas constructivas que comprenden el periodo entre 1440 y 1521 d.C. De manera que en los gobiernos de Moctezuma Ilhuicamina, Axayácatl y Tízoc se hicieron diversas ampliaciones, en tanto que durante los mandatos de Ahuízotl y Moctezuma Xocoyotzin se realizaron remodelaciones al edificio, que coincidieron con la llegada de los conquistadores españoles.

Aunque por ahora se desconoce la función original de esta construcción o si estuvo dedicada a alguna deidad mexica, en opinión del arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, evocaba “una montaña sagrada áspera”. Esta carga simbólica del edificio se deduce de las lajas incrustadas que decoran uno de sus muros en talud.

Estos nuevos “guiños al pasado” se hallan a poco más de dos metros de profundidad bajo los pies del viandante que cruza la calle República de Argentina. La primera ventana mide cerca de 13 m de longitud, mientras la segunda abarca 4 m de largo por 3.25 de ancho. Aparte de varias subestructuras del edificio, se observa la intrusión de un drenaje de tubos de barro vidriado que se hizo durante el Porfiriato, así como bloques de andesita que son la base de un drenaje virreinal.

Para una adecuada conservación del Gran Basamento, estos espacios se equiparon con deshumidificadores industriales que regulan la humedad y cuentan además con iluminación fría a base de LEDs, redundando en la mejor apreciación de los vestigios por parte del peatón.


Para más noticias dale Me Gusta a nuestra página

Siguenos en twitter:

MINUTO A MINUTO