Apatzingán, Mich., 19 de junio de 2026.- Lo que debía ser una jornada más entre huertas y caminos rurales terminó convertido en una escena de angustia y desesperación. Una nueva explosión de mina terrestre sacudió este viernes la zona sur de Apatzingán y dejó como saldo a dos cortadores de limón severamente lesionados.
El estallido ocurrió en el tramo que conecta las comunidades de Holanda y El Guayabo, una región donde el miedo ha comenzado a instalarse entre quienes salen cada mañana a ganarse la vida en el campo.
Tras la detonación, compañeros de trabajo corrieron para auxiliarlos y organizaron su traslado de emergencia al Hospital Regional IMSS-Bienestar de Apatzingán, donde reciben atención médica debido a la gravedad de las heridas.
El hecho vuelve a encender las alarmas sobre el peligro que enfrentan jornaleros y productores en una de las principales zonas agrícolas del municipio. Lo que antes eran rutas de trabajo hoy se han transformado, para muchos, en recorridos de incertidumbre.
En apenas un mes, explosiones registradas en áreas rurales han dejado víctimas mortales y personas gravemente heridas. Mientras el miedo se instala entre productores y jornaleros, también aumenta la exigencia social para que las autoridades refuercen acciones preventivas y acompañamiento en las zonas agrícolas.
En ese contexto, la administración municipal encabezada por Fanny Arreola ha sido omisa y ha guardado silencio ante esta amenaza que pone en riesgo la vida de los apatzinguenses. Olvidándose de la inseguridad que un carcome el municipio, la alcaldesa Fanny Arreola celebró bailando el triunfo de la selección mexicana en su partido contra Corea del Sur.
Entre trabajadores del campo y habitantes comienza a crecer el reclamo de que el problema ya no puede tratarse como un hecho extraordinario, sino como una situación que demanda presencia institucional permanente y coordinación efectiva con los distintos niveles de gobierno.
Hoy, en amplias zonas del municipio, la preocupación ya no es únicamente cosechar o vender el limón. Para muchos trabajadores, la pregunta que acompaña cada jornada es otra: si regresarán a casa.









