Zinapécuaro, Michoacán, a 27 de abril de 2026.– Comunidades de Zinapécuaro como San Miguel Taimeo, Santa Cruz, Mesa Colorada y San José Carpintero son hoy el escenario de una guerra entre cárteles que ha transformado la vida cotidiana, señaló María, una habitante de la región quien denunció la crisis de inseguridad por la que atraviesan.
Relató que en algunas zonas disminuyen gradualmente la población y la actividad económica. Según testimonios de pobladores que prefieren el anonimato por temor a represalias, en San José Carpintero solo queda el 35 por ciento de los habitantes; el resto dejó atrás casas, animales y raíces.
"La gente ha migrado y no les preguntan; los obligan por las circunstancias de inseguridad a movilizarse y a iniciar de cero en otro lugar. Puede ser Estados Unidos, la cabecera municipal o con algún familiar, lo que sea con tal de resguardarse", comenta otro habitante.
María indica que la guerra en Zinapécuaro incluye el "impuesto" del crimen organizado: madereros, locatarios y dueños de pequeñas tiendas de abarrotes deben pagar cuotas que oscilan entre los 2 mil 500 y los 5 mil pesos.
La situación, dijo, se vuelve insostenible cuando la disputa por el territorio se traduce en una doble tributación para los locatarios.
"El tema aquí es que te amenazan, "el pago es conmigo', y llega el otro grupo y también te dice que el pago es con ellos. Muchos han tomado la decisión de mejor retirarse, de traspasar o cerrar sus negocios", relatan los afectados.
Incluso los bosques, fuente de resina y madera, son ahora zonas prohibidas. Los trabajadores ya no pueden entrar a los montes porque los grupos armados los han convertido en sus refugios y trincheras.
Indican que el impacto ambiental también es desolador. En su afán por expulsar a los rivales de sus escondites, los grupos delictivos han recurrido a la quema de zonas boscosas. Aseguran que el año pasado más de 600 hectáreas de bosque fueron devoradas por incendios provocados.
Para familias enteras, sus recámaras ya no son un lugar de descanso, sino un búnker improvisado. Durante los enfrentamientos, que pueden durar horas, la consigna es una sola: al suelo.
"Siempre, como parte de las medidas de seguridad, es resguardarte debajo de la cama o en un lugar que no esté tan expuesto a las calles o las ventanas. Cuando andan haciendo sus enfrentamientos no les interesa a quién dañen, irrumpen en domicilios particulares para esconderse o cruzar a otra avenida", narra un sobreviviente de las balaceras recientes.
La mujer dedicada al trabajo del hogar, expresó que no puede resignarse a abrazar a sus hijos durante los enfrentamientos armados y que los menores escuchen las detonaciones como "algo normal".









