El Rosario, Sin., a 3 de abril de 2026.— En una carrera silenciosa contra el tiempo, equipos de emergencia avanzan en condiciones extremas dentro de la mina Santa Fe, donde tres trabajadores permanecen atrapados. Entre lodo, estructuras inestables y la presión constante del terreno, las labores de reforzamiento han dado un paso decisivo: el sellado hermético de una zona crítica y el inicio de nuevas barreras de contención que podrían marcar la diferencia entre el riesgo y la posibilidad de rescate.
De acuerdo con el último informe del Puesto de Mando Unificado, uno de los puntos más delicados —ubicado bajo la presa de jales— fue finalmente asegurado. Se trata del llamado “tapón de crucero”, una estructura clave para impedir filtraciones que comprometan las galerías inferiores. Tras una jornada intensiva de limpieza y la aplicación de resinas especiales, el cierre quedó completamente sellado, eliminando fugas que representaban una amenaza latente.
Este avance permitió arrancar de inmediato la construcción de un muro de concreto reforzado, diseñado para soportar la presión del terreno y las condiciones adversas del subsuelo. La estructura se fortalece con anclas y varillas de acero, mientras especialistas definen mezclas con aditivos específicos para garantizar su resistencia en un entorno húmedo e inestable.
La operación se mantiene bajo monitoreo técnico constante. Instrumentos de precisión topográfica vigilan cualquier posible desplazamiento, y hasta ahora los datos han sido alentadores: no se detectan movimientos en la presa de jales ni en las estructuras intervenidas, lo que ha permitido continuar con las maniobras en el interior de la mina.
Mientras tanto, en el sector norte, brigadistas han logrado despejar 130 metros de jales, reduciendo la distancia hacia la denominada “zona cero”, donde se concentran las esperanzas de localizar a los mineros. Para facilitar el avance, se habilitaron rutas seguras dentro de los túneles mediante la colocación de más de mil costales y superficies de triplay, creando caminos firmes en un terreno que hasta hace poco era prácticamente intransitable.
Las condiciones de trabajo siguen siendo complejas, pero más controladas. Señalamientos preventivos ahora guían a los equipos de rescate en su desplazamiento, permitiendo una operación más ágil y con menor margen de error en un entorno donde cada paso cuenta.
En paralelo, se avanza en la perforación de un barreno de exploración que ya suma seis metros. Esta sonda funciona como una ventana anticipada a las condiciones que enfrentarán los rescatistas, permitiendo evaluar riesgos antes de ingresar a zonas críticas.
Otra de las acciones clave ha sido el inicio de trincheras estratégicas para contener el movimiento de lodos acumulados. El objetivo es evitar que estos materiales se desplacen hacia las áreas donde se concentran las labores de búsqueda, lo que podría complicar o incluso detener el operativo.
A esto se suma el tendido de infraestructura eléctrica: 300 metros de soportes ya instalados sostienen el cableado que alimenta las bombas encargadas de extraer agua y sedimentos. Este sistema es fundamental para despejar accesos y reducir los niveles de inundación en las zonas de trabajo.
El operativo reúne a fuerzas federales, estatales y equipos especializados en rescate minero. Elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, Protección Civil, la Comisión Federal de Electricidad y brigadas de distintas entidades trabajan de forma coordinada en una intervención que combina ingeniería, logística y resistencia humana.
Bajo tierra, el tiempo no se detiene. Y aunque cada avance técnico representa un respiro, la incertidumbre persiste. Afuera, la esperanza se mantiene intacta.









