Redacción / Noventa Grados
Egipto, 11 de mayo de 2012.- Los dos candidatos favoritos en la carrera presidencial egipcia, Amro Musa y Abdelmoneim Abul Futuh, se enzarzaron ayer en un debate de más de cuatro horas en el que se habló mucho sobre el pasado de los candidatos, bastante de religión y un poco de sus programas y propuestas para el futuro de Egipto.
El debate se vivió en la capital con la misma expectación que podría despertar una final de fútbol, con los cafés a rebosar de parroquianos que comentaban, abucheaban o jaleaban a los candidatos. “No me gusta ninguno de los dos, pero el debate me parece fundamental, creo que es un paso pequeño pero importante para crear poco a poco una sociedad democrática” aseguraba con orgullo Amer Sayed en una terraza del barrio de Borsa, en el centro de El Cairo. Con una mano ocupada con un té y con la otra en el móvil para comentar al minuto en las redes sociales los puñales que se lanzaban el islamista y el antiguo ministro de Exteriores, este ingeniero consideraba ayer que “los dos candidatos están muy alejados del sentir del pueblo. Apenas están hablando de la pobreza o de los problemas reales del país”.
Es muy probable que uno de estos dos candidatos esté destinado a dirigir Egipto. El tercero en discordia, el hermano musulmán Mohamed Mursi, rechazó participar en el debate y un canal de la competencia ofrecía a la misma hora una entrevista con él. El encuentro, en el que los candidatos tuvieron dos minutos cada uno para responder a las preguntas de los presentadores estrella Mona Shazly y Yosri Fouda, marca una nueva era en la política egipcia, donde un debate de tal calibre habría sido impensable antes de la revolución.









