Morelia, Michoacán, a 24 de abril de 2026.- Este viernes, la ausencia en las aulas de la Secundaria Técnica 138 de Tarímbaro fue notoria; algunos padres de familia prefirieron no enviar a sus hijos a clase luego de localizarse pintas en un baño de hombres de la institución, las cuales contenían mensajes con amenazas de violencia.
En los pasillos del plantel, el resto del alumnado transita de un aula a otra en cada cambio de materia, mientras la plantilla docente permanece a la espera de una reunión donde se establecerán nuevos reglamentos y medidas que, según indican, contemplan mayor vigilancia e incluyen la próxima instalación de cámaras.
En los baños donde aparecieron las pintas, los jóvenes entran con la curiosidad natural de observar la pared donde, con un plumón, se trazó la amenaza de "un tiroteo". Ya no quedan rastros del mensaje: la zona fue limpiada.
Por su parte, las autoridades indican que trabajan en coordinación con instancias de seguridad y prevención para evitar que se repitan hechos de violencia.
Mientras tanto, en los comercios aledaños el pulso es de incredulidad. Los propietarios, acostumbrados al bullicio cotidiano de los estudiantes, aseguran que es la primera vez que una situación de este tipo sacude a la institución. Sin embargo, tras la sorpresa inicial, surge otra realidad más añeja y persistente: la inseguridad de "afuera".
Vecinos y comerciantes reconocen que, aunque las amenazas internas son nuevas, el peligro en las calles circundantes es un viejo conocido. Los estudiantes, en su intento por acortar la distancia entre las aulas y sus hogares, suelen atravesar terrenos baldíos y zonas de terracería que cortan camino. Es ahí donde los asaltos se han vuelto una constante que, aseguran, acecha a los jóvenes.
Indicaron que solo una calle divide a los municipios de Morelia y Tarímbaro, y cuando acuden a las autoridades policiales de la capital michoacana, estas "nunca llegan bajo el argumento de que ya no les corresponde".
Al buscar la postura oficial, las autoridades directivas de la secundaria han optado por no conceder entrevistas hasta el momento. Apenas se ha aclarado que se están implementando las medidas pertinentes; entre ellas, la activación de "operativos mochila" que se realizarán de manera sorpresiva para intentar devolver una sensación de control al recinto.
Pero el problema parece tener raíces más profundas que lo que una inspección de pertenencias puede detectar. Puertas adentro, la institución reconoce que enfrenta batallas complejas. Una psicóloga atiende de cerca a una población estudiantil donde un alto porcentaje proviene de entornos familiares disfuncionales que requieren de atención especial, una tarea para la cual los docentes y directivos apenas se dan abasto.









