Nueva Zelanda, 15 de abril de 2016.- Un estudio publicado en Nature un grupo de científicos encontró que, para bien o para mal (para las víctimas solo para mal, por supuesto), esa antigua práctica ayudó a crear las jerarquías que existen en muchas sociedades modernas.
Los científicos de la Universidad de Auckland y de la Universidad Victoria de Wellington, encontraron que el sacrificio ritual pudo haber impulsado la transición de sociedades pequeñas e igualitarias a otras más grandes y estratificadas. El estudio analizó 93 culturas tradicionales austronesias (hablantes de una familia de lenguas presentes en África, Asia y Oceanía).
En el estudio, observaron si estas culturas utilizaban el sacrificio ritual y cómo lo hacían (40 de ellas lo practicaban); también examinaron la forma en que este afectaba la organización social. Luego dividieron las culturas en grupos: igualitarias, moderadamente estratificadas y muy estratificadas, con base en la presencia o ausencia de jerarquías sociales y la tasa de movilidad social.
Aunque quizá no debería sorprendernos, los expertos descubrieron que el sacrificio humano contribuía a crear y conservar jerarquías sociales y que aumentaba las posibilidades de que existieran estratos más fijos, con puestos hereditarios y menor movilidad. Por lo general esta práctica también ayudaba a evitar que se perdieran las divisiones sociales una vez establecidas.
A pesar de su naturaleza salvaje, el sacrificio humano era una herramienta útil para los gobernantes, las élites y los religiosos, pues les servía para mantener o asentar su poder e incluso proclamar su propia divinidad.









