La biblioteca es un navío que nos permite llegar en un santiamén a cualquier parte

La biblioteca es un navío que nos permite llegar en un santiamén a cualquier parte
Autor: Óscar Tapia Campos / Noventa Grados | Fecha: 11 de Marzo de 2019 a las 11:11:00

Morelia, Michoacán, a 11 de Marzo de 2019.- ¡Silencio! Guarde silencio por favor. Así concebía yo las bibliotecas públicas. A causa de esa palabra tan letal las asumía como lugares tétricos, acartonados, mudos. Pero no, no son así, sino todo lo contrario, son espacios de voces, cantos, sonidos, música, alegría, conocimiento, sabiduría, arte, educación y cultura, porque todo el mundo cabe en una biblioteca, todo está en ella, el universo completo se encuentra allí.

¡Silencio!

Qué voz tan imperativa, qué mandato tan prepotente, sobre todo cuando se expresa como esencia de un lugar donde viven y conviven los pensamientos, conceptos, ideologías, criterios, inventos, creaciones y los legados todos de los hombres más preclaros de la humanidad. El silencio en una biblioteca es imposible, porque quien lee imagina en imágenes, sonidos, texturas, colores, olores, sensaciones y sabores.

Mas, como ya se expresó, la biblioteca es un navío que permite llegar en un santiamén a cualquier parte del planeta, del cosmos, incluso del microcosmos. Un viaje a través de una biblioteca puede convertirse en la aventura más emocionante, impactante, apasionada. Y el camino para lograrlo son los libros, esos seres vivos, vibrantes, enamoradores que están allí para abrirnos sus puertas y ventanas de par en par, para dejarnos entrar a sus más íntimos recodos.

El hombre y la mujer que leen son libres, alcanzan la más alta de las libertades porque pueden entrar a todas partes, regresarse y adelantarse en el tiempo, ir al más allá y regodearse en el más acá, entrar tierra adentro y meterse a la profundidad de los océanos. El que lee sabe, y como el saber es poder, entonces el lector es un ente poderoso capaz de las más grandes proezas.

¡Silencio!

No, no, el silencio nos vuelve sumisos y la vida exige hombres y mujeres preparados, muy bien armados para la lucha, para la exposición de las ideas, para estructurar muy bien el pensamiento, para salir al día a día con argumentos y saberes que nos permitan competir en todos los terrenos. No más silencio y sí más lectura porque el México de hoy no puede quedarse a la zaga de nuestros tiempos, del avance tecnológico, de la rapidez con que se vive.

Por eso las bibliotecas han dejado de ser cajas donde se guardan libros, para convertirse en el punto de convergencia de las mejores y más grandes obras con las nuevas tecnologías, porque allí, señores y señoras, se busca estar siempre a la altura de las circunstancias, por ello es por lo que también a ellas ha llegado el internet, las redes sociales, todos los beneficios de la era de la comunicación, que es la misma que nos ha tocado vivir.

Las grandes revoluciones se hacen desde las páginas de los libros y, éstos, para bien y… para bien, también los vamos encontrar en las bibliotecas virtuales, esos instrumentos educación niños y adultos, jóvenes y menos jóvenes, porque la Red Estatal de Bibliotecas cubre los 113 municipios de la entidad, porque cuenta con programas en los que se instruye, adiestra y motiva para entrar en momentos de aprendizaje, reflexión y creación.

Los logros a través de las bibliotecas han sido significativos, porque se realizan talleres permanentes para motivar el Hábito de la Lectura, realizar conciertos didácticos de grupos artísticos como Bola Suriana, Orquesta de Alientos y Percusiones, Los Magueyes y el Dueto Trovadores de Huetamo, así como de solistas de la talla de Rocío Vega, José Luis López, Lesbia, Fernando y José Miguel Chávez.

Los resultados han sido buenos, muy buenos, porque miles de niños, jóvenes y adultos se convierten en depositarios de conocimientos y sabidurías que les permiten ser mejores seres humanos, mejores individuos y mejores mexicanos que no se permiten caer en el hartazgo que proponen las convulsiones de nuestro tiempo y, antes bien, se suman como factores de cambio, de transformación, de evolución y revolución.

No más silencio y sí más lectura, sí mejor preparación, sí más revolución desde el compromiso que proponen los grandes ideales, esos que sugieren una educación de calidad y una cultura amplia que nos permita convertirnos en copartícipes de la evolución de México, nuestro México tan vulnerado y necesitado del concurso de todos. Así sea.

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