Morelia, Mich., a 09 de abril del 2018.- Después de ser maestro por más de 30 años en la Escuela de Artes Plásticas de San Carlos, de donde es egresado, el maestro Luis Palomares Frías es hoy por hoy el pintor michoacano más trascendente por la fuerza expresiva de su producción. A sus 86 años de edad no ha abandona su taller y hace de sus momentos creativos una fuente generadora de obra artística que sorprende a propios y extraños porque insiste en búsquedas que siempre redondea en encuentros jubilosos.
Prueba de ello es su serie “Alucinaciones, Sueños y Fantasías” en la que le da rienda suelta a su imaginación sin preocuparse de límites, ni de obstáculos, para generar una obra nueva y jovial que surge de la nada, de la mancha, de una casualidad manipulada. Se trata, entonces, de un decano de la pintura michoacana de creaciones recientes con toques y alucinaciones artísticas muy juveniles.
En Luis Palomares encontramos a un dibujante pulcro y pintor vigoroso que siempre dota a sus composiciones de una poética de línea, luz y color luminosamente singulares. Sus obras son secuencias metafóricas en busca de miradas indiscretas, profundas y penetrantes que sean capaces de indagar y maravillarse en cada una de las zonas del lienzo, ese que no es sino el lecho de un mundo nuevo en cada cuadro.
Porque Luis Palomares Frías es un pintor alucinante que le da rienda suelta a su amplia, briosa y creciente imaginación, sin más límites ni más fronteras que la responsabilidad que le exige su oficio acumulado y perfeccionado a lo largo y ancho de una sensibilidad apoyada permanentemente en el conocimiento y dominio de las técnicas, en el talento y la capacidad artística que ha desarrollado durante más de 60 años de creación ininterrumpida, pero siempre fiel a los compromisos de la evolución permanente y la honestidad autoral sin cortapisas. Ha recorrido paso a paso el camino creativo que debe seguir todo pintor comprometido con la seriedad. Por eso su inicio juvenil fue dentro de los cánones y las exigencias del realismo académico, de donde partió a una composición más conceptual, a la recomposición, a la descomposición, al ahorro de recursos pictóricos y a la síntesis como propuesta intelectual.
En “Alucinaciones, sueños y fantasías”, una de sus series más recientes, ha recurrido a la mancha como punto de partida, pero no como fin ni hecho consumado sino simplemente como recurso del intelecto. Se compromete con la casualidad y la manipula para ir del abstraccionismo a un expresionismo en el que confluyen vigorosamente el cubismo, el surrealismo, la nueva figuración y un estructuralismo que dan como resultante una amplia gama de preceptos que le permiten transitar de lo lúdico a lo onírico sin libertinajes y sin atavismos. Nos enseña así, tal vez sin proponérselo, que el artista debe saber valorar la angustia que provoca el lienzo en blanco para que nunca se permita el facilismo de manchar por no saber qué hacer, de ensuciar por no tener qué decir, de abigarrar para que la incomprensión sea la trampa que termina por llevarlo a la intrascendencia, al olvido y a la desaparición.
Porque contrariamente a lo que se pudiera pensar, la seriedad de un artista verdadero como Luis Palomares Frías le permite pintar con libertad, espontaneidad y una frescura juvenil que no tienen engaños ni dobleces. Por eso, disfrutar de su propuesta pictórica-artística es una oportunidad reveladora y una ocasión para entrar en contacto con una obra monumental por la maestría que la fundamenta y la sostiene. Así sea.









