“LA MALA EDUCACIÓN”

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Fecha: 27 de Febrero de 2012 a las 23:44:27

Desde la trinchera del libre pensamiento: "La mala educación"

Por Miguel Alejandro Reina

“La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral.” José Vasconcelos.

En la trinchera del libre pensamiento, se está pensando en la profunda raíz de todas las problemáticas que azotan al México de nuestros tiempos. Ésta sin duda alguna reside en la deficiente educación que se le brinda a nuestra sociedad. Pienso con vergüenza en las telesecundarias sin “tele” de la montaña de Guerrero, en los maestros faltistas que prefieren arriesgar su vida en inútiles manifestaciones que utilizar el aula para formar ciudadanos consientes con ideales firmes basados en los trecientos años de esplendor cultural que este país posee, en los alumnos a la deriva atolondrados por las dudas propias de la edad, y pienso el nada célebre galardón del último lugar mundial en educación. Durante la última década de evaluaciones México sigue ocupando el último lugar entre los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), algo aberrante para un país que ha sido cuna de grandes seres humanos que han empeñado la vida en sus esfuerzos patrióticos por el buen vivir de los que habitamos ésta tierra fecunda. Hidalgo y Morelos con sus deseos de libertad, Zapata y Madero con su rebeldía ante la injusta opresión tiránica del régimen del que más tiene sobre el que carece, Vasconcelos que concibió unas brigadas culturales entendiendo que ésta es el factor que humaniza el desarrollo social de cualquier nación, sólo por mencionar algunos. Éste dato contundente nos hace comprender muchas de las cosas del presente mexicano.

Hoy es fácil entender a aquellos que nada tienen que perder y que ante la ausencia de figuras que lideren con vocación sus cimientos educativos y ante una familia disfuncional creciente, prefieran unirse desde temprana edad a las filas de la delincuencia organizada, para ganarse un sentido de pertenencia indispensable en cualquier ser humano y hacer carrera entre balas y sangre sabiendo que su destino es la propia muerte o en el mejor de los casos el enclaustramiento en alguna cárcel funesta de las que abundan.

Hoy es fácil entender que un empelado de seguridad de un condominio pomposo en una de las zonas de mayor opulencia en la Ciudad de México tenga soportar la humillación de ser golpeado, insultado y sobajado por uno de los inquilinos que en el poder económico basa la impunidad y prepotencia de sus aberrantes actos, sin poder siquiera defenderse por temor a perder el empleo con el que malvive.

Hoy es fácil entender que un portero de primera división de la liga nacional de futbol, que incluso llegó a estar convocado alguna vez a la selección nacional, tras verse desempleado por estar suspendido al dar positivo en un control antidopin, haya preferido enrolarse en una banda de secuestradores en donde él mismo señalaba a las víctimas

Hoy es fácil entender que nuestra sociedad asuma callada lo que el gobierno le impone, aunque esto represente el mancillar los principios más elementales de un ser humano, y se conforme con las versiones oficiales que los monopolios televisivos nos brindan, acompañados de alguna nueva serie u “reality show” de fórmula desgastada.

Y aunque parezca mentira, es fácil entender porque ya es poco o casi nada nuestro asombro ante la escalofriante cifra oficial de 47,515 muertos apenas anunciada por la Procuraduría General de la República, producto de la inútil y macabra lucha contra el narcotráfico de un presidente sin escrúpulos y con delirios de mártir y nuevo prócer de la patria.

El que algún día fue líder absoluto de las países latinoamericanos y que ha visto derrumbarse de apoco los ideales de independencia y revolución, que hoy hasta monumentos imponentes y absurdos como la “estela de luz” les dedicamos, parece dirigirse a un destino de desesperanza, como un navío en medio de la tormenta estamos destinados al naufragio, si no comprendemos pronto lo que algún día aseveró con la sabiduría que le caracterizaba el gran pensador Oaxaqueño Andrés Henestrosa: “La ignorancia, es la peor esclavitud de un pueblo”