A veces quisiera entender la moralidad mexicana para saber cuándo sorprenderme de algo porque confieso que muchas veces me han pillado con total cara de ‘what?’. La verdad es que no entiendo la cruzada contra Platanito. Nunca ha sido ‘santo de mi devoción’, pero conocía lo que hacía y cómo lo hacía, sin embargo no me sorprendió su chiste en las redes sociales.
Mi sorpresa es ver la estúpida doble moral de la sociedad mexicana sobre un chiste que ni siquiera fue obra intelectual del payaso este. Me indigno por el atrevimiento del comediante a ponerse en boca de todos en un tema que pasó de ser nota roja a nota política y ahora una mala comedia. Este tipo de humor en México no es nuevo ni será el último. Ese chiste que contó de seguro se habrá dicho al segundo o tercer día del incidente porque el mexicano ‘así es’.
Leí y escuché bromas y chistes cuando Salvador Cabañas recibió un disparo en la cabeza. Lo mismo pasó con el famoso caso de la niña Paulette y del ‘Jefe’ Diego. Los chistes corrieron a ríos incluso al juntar las historias de estos dos personajes. ¿Alguien se indignó contra el amigo o amigos que les contaron dichos chistes? ¿Alguien vió por los intereses de los papás de la pequeña o por la familia del, entonces, desaparecido político?
El humor negro es parte de la educación del mexicano, desde pequeños los niños escuchamos y escuchan el vaivén de frases que satirizan nuestras tragedias. Ya que las autoridades no dan soluciones, ya que no hay movimientos sociales que respalden nuestras acciones, el personaje nacional opta por hacer uso de su chispa para sacar el humor en cualquier lugar en el que puede escarbar.
El problema de Sergio Verduzco no es el chiste, ni siquiera toda la secuencia que eligió para su show; sino que fue expuesto a la opinión pública, y entonces obligó una reacción. Casi imagino a la primera persona que opinó en contra sin reírse. Imagino el cuadro de una reunión de amigos, algunos de ellos liberales de mente y cuerpo, otros mojigatos que creen saberlo todo y que siempre pondrán el tema del día. Entonces uno de ellos recibe el correo en su Black Berry y lo pone con el audio en toda su expresión. Su sonrisa habrá develado alguna esperanza de algo bueno para el resto de los acompañantes en la velada, incluso su esposa que lo considera igual de simpático. En eso se escuchan los chistes y salen las carcajadas a diestra y siniestra. Todos ríen salvo aquél que tuvo un duro cierre de semana y que tiene que componer su trabajo durante el fin y que no se permite soltar la alegría esa noche. Entonces decide opinar que no le ve el gusto al chiste y comienza el juicio del pueblo al futuro crucificado.
No se malinterpreten mis palabras ni mi postura. Por un lado siempre he sido fan del buen gusto del humor mexicano, aunque no todo lo que se crea es risible. Si es cierto que el mentado chiste de Platanito no me causo gracia, pero tampoco lo vi más grave que otros que he escuchado. Siento que lo usan como chivo expiatorio mientras ocurren cosas más importantes y trascendentes en nuestro país. Pero como buen perro faldero, la sociedad voltea más a ver al payasito, que al que se roba las billeteras. Lo que me dolió más aún fue ver la disculpa pública de Sergio porque está dolido de lo que le pasa, porque realmente le ha costado trabajo construir una carrera y la pretende defender a como dé lugar, incluso ser el mártir de una crucifixión con lágrimas de cocodrilo.









