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Sí, pero no, porque hoy el fin no justifica los medios señor presidente

15 de Junio de 2019 a las 11:10:00 | Por: Óscar Tapia Campos / Noventa Grados

Morelia, Michoacán., 15 de junio del 2019. - Cuando se supo de la caravana de cerca de 7 mil emigrantes que venían de Honduras con rumbo al norte, dijimos que había que pararlos en la frontera con Guatemala por múltiples razones.

Luego que esos emigrantes se abalanzaron violentamente contra el cerco fronterizo, agredieron a la policía mexicana y entraron a la fuerza a nuestro país, precisamos que eso era una invasión.
Fueron muchísimas, millones, las voces que advertimos que esa avalancha humana era un atentado flagrante contra la soberanía de nuestra nación y que el gobierno mexicano en funciones debía tomar medidas drásticas para evitarlo.

Posteriormente el nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador, estableció que serían muy bien recibidos todos los emigrantes y que se les daría visa, atenciones y trabajo.

Esto es que el titular del Poder Ejecutivo de la República Mexicana se negó a cumplir con su obligación de preservar las libertades y los derechos de este nuestro país libre y soberano.
Pero hoy todo es diferente, ahora todo ha cambiado porque el presidente dio la orden de resguardar la frontera con Guatemala, de parar a los inmigrantes centroamericanos y de no permitir que entren a nuestro país.

Mas hogaño que hace lo que pedíamos que hiciera es reprochable desde todos los ángulos que se le quiera ver, y no porque esté mal que evite la invasión, sino porque no lo hace para salvaguardar nuestra patria.

Sí, pero no, señoras y señores, porque en la actualidad el fin no justifica los medios, habida cuenta de que la finalidad es evitar que los migrantes lleguen a Estados Unidos y, para ello, se ha ordenado que se eche mano hasta de la todavía no creada Guardia Nacional.

Esto es que el fin del señor presidente Andrés Manuel López Obrador no es reestablecer el estado de derecho, defender la soberanía nacional, ni evitar que nos invadan, sino acatar el mandato de un gobernante extranjero que quiere hacer de México su gran muro de contención.

Es verdad, el problema es muy difícil porque el presidente Donald Trump parece tener la sartén por el mango y las cartas grandes de la baraja, pero no es acatando, inclinándose, ni humillándose como se debe afrontar el reto, sino con la cabeza en alto, los pies firmes y valor patriota.

El presidente López Obrador tenía, y tiene, la oportunidad de establecer un precedente en la historia, para lo que bien hará en reconsiderar el llamado acuerdo de aranceles, porque no es verdad que México necesite más a Estados Unidos que Estados Unidos a México, puesto que uno es del otro el mayor socio comercial y viceversa.

Así, entonces, muy difícilmente el presidente Donald Trump cumpliría su amenaza porque los perjuicios primarios serían para Estados Unidos y, eso, el pueblo estadounidense no se lo perdonaría y sí en cambio se lo cobrarían en las urnas en noviembre del año siguiente.

Pero si acaso el presidente del vecino país del norte efectivamente aplicara los aranceles, entonces habría que hacer un tratado inmediatamente con Rusia y China, lo que de ninguna manera sería benéfico para el gobierno de Donald Trump, porque sería tanto como permitir el fortalecimiento económico y político de sus enemigos y, peor para él, abrirles la puerta de entrada más importante de Latinoamérica, con todo lo que de cercanía a Estados Unidos significaría ello.

El presidente Donald Trump, por eso, tendría que reconsiderar su postura y darle un giro de 180 grados a sus estrategias intimidatorias para no perder el piso, ni extraviar su rumbo. 

No se trata de pelear con el gobierno del poderoso vecino del norte, sino de mantener intacta la soberanía de este nuestro México lindo y querido; no se trata de no evitar la invasión de centroamericanos a nuestro país, sino de hacerlo porque así debe ser, pero no por mandato del presidente Donald Trump; no se trata de estar en contra de las iniciativas y proyectos de nuestro presidente, sino de que acierte en su toma de decisiones y salvaguarde la soberanía nacional.

Sí, pero no, porque ahora el fin no justifica los medios, ni debe orillar a nuestro gobierno a decidir desde sus miedos de cara a las siguientes elecciones. Así sea.

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