Michoacana compite y gana en Estados Unidos; ahora va por la victoria mundial en el Oriente Medio - Noventa Grados - Noticias de México y el Mundo
Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Michoacana compite y gana en Estados Unidos; ahora va por la victoria mundial en el Oriente Medio

Domingo, 4 de Diciembre de 2016 a las 16:36:00 | Por:Redacción / Noventa Grados

Morelia, Mich., a 04 de diciembre de 2016.- Comenzó a entrenar para bajar de peso y tres años después se coronó como ganadora en un certamen internacional de artes marciales mixtas. Superando obstáculos personales y la falta de apoyos, la michoacana Lucía Cristina Armendáriz Licona buscará la victoria en un torneo mundial en el Medio Oriente, el año que entra.

Lucia Cristina, quien actualmente tiene 26 años de edad, relata que comenzó a entrenar para bajar de peso, pues debido a sus dos embarazos llegó a pesar hasta 109 kilogramos. 

Sus inicios en el mundo del Jiujitsu los hizo en  la academia de Xavier Rivas. “Ahí dure casi un año entrenando casi 5 horas diarias para bajar de peso. Yo  había entrado por el deseo de bajar (de peso) pero me fui enamorando del MMA (artes marciales mixtas) y del Jiujitsu. Cada día me empezó el deseo de competir y veía que mis compañeros lo hacían, pero yo, por lo mismo del peso, tenía una autoestima súper baja y sentía que no podría compartir, que no ganaría”, cuenta la joven deportista.

Debido a su perseverancia, para junio de 2014 ya había perdido 45 kilogramos. “Ya estaba en un peso normal, pero sentía que me faltaba algo, no me sentía feliz o satisfecha por lo que había logrado”. 

Las obligaciones familiares hicieron que por unos meses Cristina dejara de entrenar, pero el profesor Cristofer Hafid de la academia Choc Team, ubicada en Morelia, la buscó para invitarla a su academia, para competir y entrenar con ellos, ya que le gustó su forma de pelea. Cristina aceptó la invitación.

“Al llegar a la academia me sentí como en casa, todas las personas del dojo (lugar donde se practican las artes marciales) me recibieron muy bien y eso me hizo hacer que me quedara ahí. Fue cuando empecé a entrenar más fuerte y en casa, porque ellos tenía un nivel muy alto y yo ya tenía tiempo” para entrenar.

Cuenta  Lucía que al llegar a la academia la pusieron a competir en la clase de avanzados, por lo cual fue difícil entrenar para estar al nivel de sus compañeros y al mismo tiempo cuidar a su familia como madre y esposa.

“Lo bueno fue que mi marido me ayudó bastante y me apoyó. Él me ponía rutinas de ejercicios en casa y en la tarde entrenaba ahí”.

En Choc Team Cristina conoció a “personas extraordinarias”, pero dos en especial destacan por el apoyo que le brindaron: los profesores Christopher Hafid y Enrique Chimeyo, quienes “con su apoyo  hicieron que avanzará mucho”.
En junio del año 2016 Cristina decidió entrar en una competencia de artes marciales mixtas que se iba a llevar a cabo en León, Guanajuato. “Me preparé rutinas en casa, en el dojo y dieta, todo para poder ir ‘al cien’”. 

El esperado día llegó y Cristina viajó a Guanajuato, pero le dieron una noticia que no esperaba. “Me dicen que no podré pelear en el MMA porque no tenía contrincante, pero que me pondrían hacer grappling (técnica de lucha cuerpo a cuerpo donde no hay golpes)”. A cristina, que en ese entonces pesaba 69 kilos, la pusieron como contrincante de una mujer de 80 kilos.

“Cuando la vi me deje llevar por mi mente. Fue horrible porque aunque por fuera yo decía que si podía, por dentro decía lo contrario. Decidí aun así, con ese miedo, enfrentarla. 

“Al entrar  al octágono era una sensación de desesperación y dicen ‘empiecen’, a mí se me borró todo, me la eché encima, no me la podía quitar, me perdí por completo, y pasó: perdí.

“Cuando venía de regreso, en el camino yo me preguntaba el por qué perdí si entrené bien, comí bien, todo. No sabía el motivo y quería escudarme torpemente en el peso de mi contrincante, pero al analizar y al seguir viendo vídeos y chavas súper delgadas que le ganaba a más pesadas que ellas, me entró en la cabeza que yo perdí por nervios por dejarme llevar de las apariencias y no estar concentrada. 

“Ahí, en ese mismo momento, me dije: no volveré a perder y menos por mi culpa (…) Tomé la decisión de ganar, de que si iba a gastar, a salir a competir, iba a hacer que valiera la pena”. 

A partir de entonces Cristina aumentó su entrenamiento y decidió participar en un torneo nacional de Jiujitsu brasileño, a celebrarse el 3 de septiembre  en la capital del país. Pese a las dudas que tenía, el apoyo de su esposa fue fundamental para que tomara la decisión.

“Entrene casi 5 horas al día en casa más mi dieta. Me tuvieron que prestar un gi (uniforme de combate) porque el que yo tenía no me servía para eso, una de mis compañeras (Polet) me lo prestó.

“Una semana antes de eso tuve un problema familiar: mi esposo y yo nos separamos. Fue muy difícil porque después de llevar 9 años juntos nos separamos, pensaba dejarlo y no competir, pero pensé ‘qué les enseñas a tus hijos si siempre renuncias cuando las cosas se ponen difíciles’, y así con problemas en casa en la cabeza, y más que nada de inseguridad a mí misma, decidí hacerlo”.

Tres días antes del evento Cristina volvió con su esposo, peo “aun así iba mal psicológicamente”. “Llegó el día de la competencia, mi papá me llevo a donde me iba a juntar con mis compañeros. Al llegar a donde sería la competencia me empezaron a dar nervios como en León, dije: no puedo darme ese lujo.  

“Después de todo dio la hora del pesaje, lo pasé bien, y empezaron a competir mis compañeros. Al ver que los mejores de mi dojo perdían me sentía más nerviosa, hasta que llegó mi hora: me pasaron a pelear y en cuanto toqué el tatami fue una sensación de tranquilidad, y respiré y todo se perdió, no escuchaba ni veía a nadie, sólo éramos ella y yo. 

“Al momento que dicen ‘empiecen’ la ataqué, no deje que se me acercara, la derribé y la sometí con un Ezequiel (estrangulamiento)”. Cristina ganó.

“Fue uno de los mejores momentos de mi vida el tener mi mano levantada, el ver que si puede. Claro que al salir me dieron ganas de vomitar, pero no me importó, porque había ganado mi primera pelea”. 

Ese día Cristina tuvo cuatro peleas más, dos de ellas con contrincantes más pesadas, ya que tras vencer en su peso la enfrentaron con las ganadoras de otras categorías por el campeonato absoluto, pero esto no le impidió ganar.

“Cuando me dicen que gané el primer lugar y que tenía el pase al internacional de Nueva York, que sería el 19 de noviembre del 2016, fue un sentimiento de llorar porque había ganado mi peso y el absoluto. Yo sabía que desde las cenizas salí, di la cara y lo logré, sólo yo sabía los que me había costado”.

Lo primero que hizo Cristina tras ganar fue llamarle a su esposo, que estaba con sus hijos, para compartir su logro, “para decirle que había ganado, que logré hacer algo por primera vez y fue sólo por mí. Me sentía bien, muy feliz, con ganas de estar con ellos para poder llorar y gritar de emoción”.

“Desde ahí fue cuando mi vida cambió porque si mis entrenamientos eran duros ahora lo iban a ser más. 

“Casi siempre después de una competencia descansamos, pero yo no quise y empecé a entrenar. Unos de los que me ayudaron mucho fueron dos compañeros, Melchor y Alex, dos chavos que miden casi dos metros. Al principio me traían como un papel, pero al pasar los entrenamientos vi las mejoras cuando me ponía a pelear con los demás.

“En casa mi esposo me ayudaba a entrenar, en el rancho de mi suegro me ponía a cargar piedras, troncos, de todo. Quería ir bien preparada al (torneo) internacional. 

“Cada día iba agarrando más confianza en mí, pero aún no sentía estar orgullosa de mí”.

Antes de la realización del torneo, Cristina buscó el apoyo de la Federación Mexicana de Jiujitsu, la cual le aportó los boletos de avión y el costo de la inscripción al torneo. Pero todavía le hacía falta su uniforme y dinero para comidas, transporte y hospedaje. “Es cuando mi papá le pide ayuda a un amigo, el señor Daniel Díaz Barriga, de Auxilio Vial, y él sin pensarlo le dijo que sí. Él me ayudó con 3 mil 600 pesos que fueron para comprarme mi gi, y varios más amigos de mi papá me dieron dinero”.

Debido a que aún necesitaba recaudar más fondos, cristina se acercó con los organismos de deporte del Estado, pero no le dieron apoyo argumentando falta de presupuesto.

“Se acercaba el día y yo no tenía aún hotel. Al final una de mis amigas, Fany Zavala, me ayudó con mil 500 pesos, y así fue que junte 12 mil pesos. 

Tras perder un vuelo en Atlanta, por fin Cristina llegó a Nueva York por la mañana. “Yo no había desayunado porque sentía que no daba el peso, entonces no quiera ni tomar agua”. A la deportista le avisaron que pelaría a las 15:30 horas “Y yo sin nada en la panza. Me preocupaba porque no quería estar débil y no me dejaban pesarme hasta que faltarán 15 minutos para mi pelea. Cuando me llaman para pesarme, me dicen que estoy 6 kilos abajo, fue cuando decidí comer de todo, claro, sin exagerar por no quería entrar llena, sólo quería tener energía. 

“Mi primera pelea fue con una mujer que vivía ahí, en Nueva York, a esa le gané por un Ezequiel (…) La segunda pelea fue con una canadiense, a ella le gane también con un Ezequiel”.

Cristina reconoce que no quería pelear con una brasileña porque son muy buenas en la especialidad.

La michoacana logró llegar a la final “y para el colmo, era con una brasileña, que pesaba 82 (kilos) y yo 67, fue cuando me vino el recuerdo de León. Me dije: no voy a dejar que me pase de nuevo. Sabía que iba bien preparada, entrenaba con puro hombre y grande, así que ella no era nada”.

“Ya cuando entramos me sorprendí porque estaba muy fuerte, pasaron los minutos y yo no le había hecho nada, ni ella a mí”, faltando dos minutos para concluir la pelea, sin marcar puntos “fue cuando me dije: ya tienes que hacer algo, pero sin perder. Bajé, la descontrole, y fue como le tomo la rodilla y la derribo”.

“Ese derribo nunca me salía y esa vez fue perfecto. Cuando la derribo, la traté controlar, escuchaba a mis compañeros, estaba tranquila, escuchaba mi respiración, todo iba lento y escucho el silbato de que acabó.

“Fue una sensación más grande que la del (torneo) nacional, fue hermoso el ver que lo había logrado por primera vez, me sentía orgullosa de mí, de saber que mis hijos, los días que no me vieron, fue porque fui a representar a México y gané por ellos. Le avisé a mis familiares, a mi esposo, (estaba) muy feliz, ahora sí me sentía muy bien conmigo misma. Ahora siento que puedo todo, claro, fue difícil, pero para lograr el éxito nada es fácil y más si luchas por ello”.

La victoria en Nueva York le dio el pase a la mundial que se celebrará en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, el próximo 4 de febrero.

“Estoy feliz y motivada porque sé que no será fácil y eso me hace sentir mejor, porque cuando las cosas son fáciles no las disfrutas tanto como las difíciles".

“Agradezco el apoyo de mi papá, mi mamá, que me ayudaron mucho y estuvieron conmigo a todo momento; a mi esposo e hijos, mis profesores Christopher y Chimeyo, a mis compañeros, que sin su ayuda no hubiera logrado algo así. Gracias por todo”. 


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